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lunes, 27 de marzo de 2017

El fracaso no existe...

En esta nueva entrada del blog me propongo desmontar ciertas creencias acerca del fracaso, que lo han convertido en algo así como un pecado mortal, dejando pocas posibilidades para que quien fracase pueda aprovechar esa magnífica oportunidad de aprendizaje que tiene en frente de sus narices.

Creo que el sistema educativo y la sociedad han tenido mucha responsabilidad en esta mitificación del fracaso.

Por ejemplo, cuando yo estaba en el colegio, los errores en cualquier ejercicio de matemáticas, se tenían que borrar y había que realizar de nuevo todo el proceso.  Con esa práctica, nos perdíamos del aprendizaje escondido en cada error y quedábamos condenados a poder repetirlo en cualquier momento. Hoy en día, miro en retrospectiva mi época de estudiante de colegio y me parece que hubiera sido mucho más útil que conserváramos los errores y continuáramos con el desarrollo del mismo ejercicio correcto en otra página.

En el caso de la sociedad, no nos quedamos atrás con hacer del fracaso un mito. Los círculos sociales -y más recientemente las redes sociales-, son comúnmente despiadados para señalar y sentenciar a una persona que llega al fracaso. Se ven comentarios como: “ahí viene Pedro, fracasó en su matrimonio…” o “lo echaron del trabajo, ¡vaya fracaso!”. Casi que quien fracasa en algo, tiene que sacar valentía para lidiar con el fracaso en sí mismo y, además, fortaleza para hacer frente a los rumores.

No obstante, el fracaso es muy importante para aprender del éxito, aunque suene paradójico. Es más, el fracaso es el único camino para desarrollar ciertas habilidades que nos permitirán afrontar los retos de la vida.

Así pues, nos toca desmontar esas creencias equivocadas alrededor del fracaso y desmitificarlo, acabando, de paso, con ese miedo paralizante de fracasar, que nos impide avanzar hacia la realización de nuestros sueños.

Hacia otras perspectivas del fracaso

Como lo he insinuado, hay que echar a la basura esos paradigmas anticuados que hacen ver al fracaso como un monstruo gigante que viene a destruirnos.

Lejos de ser destructor, el fracaso es realmente una valiosa oportunidad de aprendizaje y el error opera como un cincel que nos pule cual si fuéramos diamantes.

De hecho, el fracaso ha comenzado a valorarse en algunos ámbitos.

Por ejemplo, en el mundo de los negocios, el fracaso no solo es útil, sino que se vuelve indispensable. Al respecto, Miguel López de Ceballos y Alessandro Adrada, responsables de StopApp, comentan que “lo que más nos ha llamado la atención es la “necesidad” del fracaso para triunfar. Aunque pueda parecer paradójico, los inversores y stakeholders prefieren invertir y valoran más positivamente a emprendedores que ya han cometido errores. Asocian la falta de fracaso a la falta de ambición: el hecho de que alguien no haya fracasado, en Silicon Valley se vincula directamente con que no se ha marcado metas suficientemente altas en su carrera profesional”.

Acerca de emprendimiento, los expertos en innovación afirman que cualquier fracaso puede dar surgimiento a una gran idea innovadora que puede significar mucho dine

Otro espacio donde el fracaso cobra otro sentido, es el campo del desarrollo de las habilidades del ser. Acá el fracaso se convierte en una excelente alternativa para formar en tolerancia a la frustración y en resiliencia, destrezas fundamentales para afrontar los diferentes desafíos de la vida.

De esta forma, el fracaso adquiere otro significado diferente de algo temible, pecaminoso o que es motivo de vergüenza.

Con estas perspectivas, empezamos a comprender que “el fracaso es el combustible de nuestro éxito”, como lo afirma el mago profesional, conferenciante y formador, Iñigo Sáenz de Urturi. Para él, el fracaso “es simplemente una frontera entre dos caminos que se abren. En ese sentido, el fracaso nos ahorra tiempo porque nos indica qué decisiones queremos tomar”. A lo que hace referencia es a que el fracaso nos permite validar si la meta que queríamos alcanzar es realmente nuestra pasión o si es solamente algo que no en realidad no queríamos.




En la próxima entrada, les compartiré otras perspectivas del fracaso y cómo podemos aprender de él.

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Fotografías: Freepik

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