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martes, 15 de noviembre de 2016

¿Cómo tomar decisiones?

Toda la vida se trata de movernos a partir de decisiones. Tomamos decisiones todos los días, desde las más sencillas como puede ser qué ruta voy a tomar para ir a trabajar hoy, hasta las más profundas como por ejemplo qué carrera estudio o qué tipo de proyecto de vida quiero para mí.

A pesar de que es algo tan cotidiano, en realidad poco o nada se nos enseña para tomar decisiones con conciencia.

Salvo en contadas excepciones como los entrenamientos en liderazgo o en coaching que algunos hemos tenido la fortuna de recibir, en general brillan por su ausencia cosas como la inteligencia emocional para decidir o el aprender a conectarnos con nosotros mismos en cada paso que damos.

Para rematar, la sociedad del inmediatismo, del individualismo, de la banalidad y del énfasis en satisfacer el deseo, nos lleva a que cada vez más nos desconectemos de la conciencia y terminemos tomando decisiones sin pensar antes, más viscerales y arrebatadas, en lugar de ser estructuradas o aterrizadas.

Cómo podemos tomar mejores decisiones

Lo primero que hay que saber es que entre más nos conozcamos a nosotros mismos, mayor facilidad tendremos para tomar decisiones. Esto se debe a que las mejores decisiones son las que están alineadas con nuestro destino, con nuestro propósito de vida. Y eso solo lo sabremos cuando conectemos con nuestra esencia y la dejemos fluir en nuestra existencia.

Lo otro que hay que saber es que las decisiones tienen un componente racional, donde es posible que analicemos pros y contras, donde podemos incluso revisar escenarios probables y anticipar las consecuencias de nuestros actos. Pero también, y muy poderosamente, nuestras decisiones tienen un componente inconsciente, que nos lleva a actuar incluso de forma irracional, cuando no hemos desarrollado un autoconocimiento importante.

Pero cuando trascendemos y vamos más profundamente a nuestra esencia, nuestras decisiones toman un matiz más emocional (de emociones saludables) y espiritual, que se conecta con nuestro sentir, con nuestra intuición y con las leyes de la vida como karma-darma.

En este sentido escribe María Elvira Pombo en su libro “De la mano de los ángeles”. Esta experta en cómo es que los seres celestiales nos acompañan a lo largo de la vida, ha logrado  identificar dos tipos de decisiones que tomamos los humanos: decisiones de bienestar y decisiones de aprendizaje.

La autora se refiere a que cuando permitimos que las decisiones sean tomadas desde algo distinto a la esencia de nuestro ser, entonces afrontamos consecuencias que comúnmente conocemos como errores o fracasos, y que Pombo denomina aprendizajes.

Creo que conocer de estos dos tipos de decisiones, nos ayuda a enfocarnos en las mejores decisiones.



Equivocaciones?...o Decisiones de aprendizaje 


Retomando la distinción que hace Marìa Elvira Pombo, en efecto, ella menciona que las decisiones de aprendizaje son las que no tomamos directamente desde nuestra esencia, sino que nos dejamos llevar por los caprichos del ego o por la curiosidad humana.

Estas decisiones nos traen dolor, frustración, angustia y miedo, entre otras. 



Para comprender un poco cómo opera esta toma de decisiones, es como que, en lugar de seguir en línea recta por el camino de nuestro destino, tomamos un desvío para que al final del día nos damos cuenta de que por ahí no era. Claro, después de que sufrimos por experimentar esas emociones nada placenteras y terminamos metidos en situaciones incomodas, con resultados que suelen ser pesados o incluso nefastos. 


A veces las consecuencias que se tienen que afrontar por esas decisiones nos toman mucha energía vital y sobre todo mucha parte de nuestro tiempo, moviéndonos por un desvío que hubiéramos podido evitar. 



De todas formas, cuando tomamos este tipo de decisiones, no alineadas con nuestro destino, por llamarlas de alguna forma, normalmente aprendemos mucho. Así pues, me parece que es válido el hecho de no ponerles la etiqueta de errores o fracasos. Como dice Pombo, son decisiones de aprendizaje. Yo las identifico también como decisiones que corresponden a un cierto nivel de conciencia (o inconsciencia), es decir, que son equivalentes a lo que somos capaces de comprender en el momento en que las tomamos.
Al mirarlas de esta forma, podemos afrontar las consecuencias liberados de la carga del dolor, la culpa y el resentimiento. 

Podemos cuidarnos de las decisiones de aprendizaje revisando qué pasa en nuestro cuerpo cuando pensamos en cada decisión.

Si hay miedo o hay sensación de que las vísceras se contraen, estamos ante decisiones no acordes con nuestro destino.

Por eso es que se nos advierte en algunos entornos que no tomemos decisiones cuando estamos fuera de control, con las emociones en desorden. Las decisiones tomadas desde el caos interno, suelen ser decisiones de aprendizaje.





Aciertos?...o decisiones de bienestar 



Por otro lado, tenemos las decisiones de bienestar que son las que tomamos cuando seguimos el llamado del alma y nos dejamos guiar por una voz interior que es superior a nuestra humanidad. Es decir, cuando nos impulsamos por una fuerza que nos recuerda nuestro destino y nuestro propósito de vida. 



Estoy segura que todos hemos sentido lo que viene a continuación de una decisión de bienestar. Sentimos paz, armonía y una sensación de certeza, que proviene de una especie de certeza de hacer lo que es apropiado.

Cuando nos conectamos con esa esencia del ser, al mismo tiempo nos conectamos con el universo y sus leyes, por eso las decisiones que tomamos en este estado, son decisiones de bienestar.

De manera que cuando vayamos a tomar cualquier decisión, podemos pensar antes ¿Qué tanto contribuye esta decisión para mi bienestar y el bienestar de los demás? Y luego dejamos que nuestro ser nos hable mediante la intuición y la conciencia.

Así estaremos cada vez más conectados con decisiones de bienestar.

Fotografìas: Pixabay

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