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lunes, 6 de junio de 2016

La dicha de ser libres

Escuché por casualidad a uno de mis profesores de la universidad, quien estaba hablando acerca de la libertad en un programa de radio. Me conecté muy tarde a la transmisión, así que solo logré tomar uno de sus planteamientos: "quien tiene miedo, no conoce la libertad".

Me pareció bastante interesante esta idea. Concuerdo plenamente con ella.

En efecto, no hay libertad cuando estamos dominados por el miedo. El problema es que estamos en un mundo dominado por el miedo. Luego, ¿estamos en un mundo sin libertad? Veamos…

Víctimas de nuestro propio invento

Si le preguntamos a un adolescente algo así como ¿te gustaría tener libertad?, casi con seguridad nos daría un rotundo si como respuesta. Por supuesto, esto ocurre porque para el quinceañero nada más aburridor que tener que seguir las reglas que dictan los profesores o los padres. El ímpetu del adolescente por sacar su esencia y por definir quién realmente es, hará que esa libertad sea una de sus banderas más importantes.

De esta manera, creo que ese espíritu de libertad del adolescente, habita en cada uno de nosotros, está en nuestras almas y reclama su expresión en todo momento. Sin embargo, por el miedo, hemos dejado que muchas cosas nos encarcelen y nos arrebaten nuestra libertad.

En otras palabras, estamos siendo esclavos permanentes de muchas cosas que nosotros mismos hemos creado o permitido.

Por citar algún ejemplo, si miramos a la gente en el trabajo, nos encontraremos muchas personas -o quizá la mayoría-, que no pueden esperar para que sea el fin de semana y no tener que ir a trabajar. No es casualidad que existan chistes y expresiones como “gracias a Dios es viernes”. De hecho, he escuchado a quienes odian su trabajo o a su jefe y siguen allí porque tienen miedo de irse, de emprender su propio negocio o de buscar otro empleo. La disculpa es que necesitan tener "seguridad" y un salario que pague sus cuentas, pero terminan hipotecando el alma.

De otro lado, no son pocas las personas que se sienten asfixiadas en su relación de pareja. No faltan quienes sueñan con una escapada para “echarse una cana al aire”, para poder vivir su propia libertad. De hecho, en mi trabajo profesional escucho con bastante frecuencia dichos populares que se han creado para hacer notar que la esposa o el esposo anulan la libertad.

No es que esté alimentando la idea de tener miedo al compromiso en una relación, lo que estoy diciendo es que una relación afectiva no tiene por qué convertirse en una prisión que acabe con el proyecto de vida personal de cada uno de los miembros de la pareja.

Otro ejemplo de esclavitud es la que se crea en torno al seguimiento de los “estándares” de belleza que la misma sociedad y los medios de comunicación han propuesto. Basta con mirar las cifras de consumo de cientos de productos que supuestamente tenemos que comprar para vernos bellas o bellos, de forma que nos podamos sentir bien con nosotros mismos.

Nos hemos vuelto esclavos del gimnasio, en lugar de disfrutar de espacios de vida saludable. Nos volvimos esclavos del conteo de calorías que consumimos en cada momento, en lugar de disfrutar de la bendición que significa poder alimentarnos sanamente.

Es más, nos volvimos esclavos de las cosas materiales. Como dice mi profesor, “hemos trasladado el amor a las personas, hacia el amor a las cosas”.

Nos volvimos esclavos de la ropa, del carro, de la vivienda…peor aún, nos volvimos esclavos de los anhelos de tener más y más y más cosas materiales, sin ninguna medida.

Nos creímos el cuento de que las cosas nos hacen felices y se nos olvidó qué es lo verdaderamente importante en la vida.

Tampoco estoy haciendo apología de la austeridad o de la pobreza de espíritu. Lo que digo es que basar la felicidad en las cosas y obsesionarnos con la idea de tener más, es de hecho una forma de esclavizarnos.

La decisión de ser libres

Hablar de libertad es hablar de autenticidad, de fuerza interior, de ganas de vivir nuestro propio destino, de alcanzar nuestros sueños, de tener esperanza en el mañana, de seguir nuestros corazones, de abandonar el ego y olvidarnos de los "debería".

Por eso cada vez que nos esclavizamos, es como si un pedazo de nuestra alma se muriera o se apagara. Y, aun así, la mayoría de las veces permanecemos inmóviles sin tomar ninguna decisión que ponga punto final a la esclavitud que hemos creado.

Libertad implica elegir y tomar decisiones. ¿Por qué somos tan tontos de crear situaciones que nos atan y nos impiden el desarrollo de nuestra libertad?

Particularmente me inquieta que en lugar de movernos hacia la libertad, como  ”sociedad civilizada”, cada vez creamos nuevas cosas para esclavizarnos más. Es una completa paradoja porque perder la libertad es condenarnos a la infelicidad.

Nos estamos esclavizando cada vez más debido al miedo a actuar, a tomar decisiones. En lugar de tomar conciencia de que estamos perdiendo nuestro tiempo vital sin disfrutar plenamente nuestra libertad.

Ser libres no solamente es un derecho, sino que es una obligación como seres humanos con conciencia.  Solo si somos libres tenemos la posibilidad de desarrollar todo nuestro potencial y, simultáneamente, alcanzar la felicidad.

Como dice al final el video que les recomiendo, "y tu, eres libre?"

Video recomendado:



Fotografìas: Pixabay

2 comentarios:

  1. totalmente de acuerdo pues si te gastas la vida consiguiendo nunca tendrás tiempo de disfrutar lo que conseguiste

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    1. Muchas gracias por tu comentario. Me alegra que estés de acuerdo. La vida es para vivirla! Un saludo especial!

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