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viernes, 15 de abril de 2016

El poder transformador del amor

Hace poco me invitaron a un programa de radio maravilloso, que realiza una Fundación en Colombia, con temas de salud. El tema central fue el amor y la directora del programa lo denominó “El poder transformador del amor”.

Así que retomé ese nombre y decidí llamar esta entrada del blog con el mismo título que se usó en el programa.

Efectivamente el amor tiene un poder transformador inmenso. No es casualidad que cuando vemos a una persona llena de amor, se nota que tiene paz interior.
Para explicar ese poder transformador del amor, comencemos por decir ¿qué es el amor?

¿Qué es el amor?

En una de las primeras entradas de este blog, escribí ampliamente sobre el amor verdadero. Vale la pena recordar que cuando hablamos de amor, muchas veces asociamos el término con el amor erótico, ese amor pasional que hace sentir cosquillas en el estómago, que lleva a cometer locuras y que muchas veces termina por hacer sufrir a las personas.



Tampoco estamos hablando del amor filial, que sería como un nivel superior al que tiene el amor erótico. En el amor filial, trascendemos ese amor egoísta que propone el eros y vamos más allá, a un amor donde aceptamos al otro tal como es. Sin embargo, este amor no es capaz de llegar al punto de la incondicionalidad.

De manera que cuando hablamos de amor, nos estamos refiriendo al nivel más profundo del amor, el amor incondicional, el amor ágape. A ese amor que, no por ser más escaso, quiere decir que no existe. Ese amor que es parte de nuestra esencia como humanos, pero que se nos ha olvidado bastante. Ese amor que nos lleva a hacer de lo imposible, algo totalmente posible. Ese amor que transforma todo lo que toca. Ese amor que nos mueve a afrontar cualquier desafío, con fortaleza y valentía.

Ese amor incondicional es el que tiene el poder transformador, capaz de llevarnos a sanar el alma y con ella, a sanar el cuerpo físico, a sanar las relaciones con los otros y a irradiar paz en todo momento.

Me imagino que más de uno de los lectores puede pensar que ese amor es una utopía. Los entiendo. La cultura, los medios de comunicación y los resultados que vemos en todo sentido, nos hacen pensar que el amor incondicional es algo imposible. Pero no es así.

Afortunadamente, cada vez con más frecuencia, nos estamos encontrando autores y conferencistas que están hablando del amor incondicional como la única alternativa que tenemos para ser verdaderamente felices.

Mathieu Ricard, el monje budista, bastante nos ha explicado el término compasión, que es el sinónimo del amor incondicional. La compasión es la que nos permite salirnos de ese “yo” para meternos en el “otro”.

Por su lado, autores como Eben Alexander, el neurocientífico de Harvard y otros tantos que han vivido experiencias cercanas a la muerte, nos han dicho que lo único que existe es el amor incondicional. De hecho, Eben Alexander menciona sobre ese tema, que estamos muy equivocados en este planeta.

Y el más reciente hallazgo en lo personal, ha sido el nuevo libro de Daniel Goleman, el autor que nos habló por primera vez de la inteligencia emocional. Ahora, con el apoyo del Dalai Lama, nos habla acerca de la compasión y de la importancia que ésta tiene en toda la vida. Es más, Goleman propone que se diseñen planes educativos que incluyan la empatía, el autodominio y la ética.  

Es claro que necesitamos volver a lo que Goleman dice “sustituir la violencia por el diálogo”.

¿Cuál ese ese poder transformador del amor?

Cuando hablamos del poder transformador del amor, no hacemos referencia a una metáfora o a algo que parte de la imaginación.

En realidad, el amor es una fuerza transformadora, a esa conclusión han llegado científicos como Ben Jonhnson, co-autor y líder de una clínica del cáncer en Estados Unidos, quien afirma, por ejemplo, que: “uno de los grandes obstáculos a los que he tenido que hacer frente como médico especialista en cáncer es el tema emocional/espiritual que mis pacientes tienen que superar para sentirse bien. He tenido pacientes que murieron después de haber superado el cáncer porque no pudieron superar en su vida sentimientos de ira, de miedo, de falta de amor, de perdón, u otros de parecida índole”.

Por otro lado, la escritora Lynne Mc Taggart, autora de El Campo, nos explica ampliamente cómo es que los seres humanos y todos los seres, somos una configuración energética dentro de un campo de energía conectado con todas las demás cosas del mundo. Para esta autora, no somos un accidente de la naturaleza, sino que tenemos un propósito, nuestra participación es crucial en la creación de este mundo y no cabe la opción de pensar en un “nosotros” y un “ellos”, porque todos estamos unidos.

De tal manera, que, desde varios puntos de vista, desde la ciencia y desde la espiritualidad, tenemos ya suficiente evidencia de que el amor es una fuerza poderosa que nos une. Más aún, sabemos que el amor es la fuerza más poderosa que existe.

Podemos ensayar a meditar y a vivir el amor todos los días para experimentar los efectos del amor en todo nuestro organismo, esa es una forma de empezar a verificar por nuestra propia cuenta estos principios que Goleman, Johnson, Mc Taggart, Ricard y otros muchos autores, nos están planteando.
Basta ya de seguir viendo historias de “corazones rotos”, tomemos conciencia de que amar es gozar, es plenitud, es felicidad. Amar no es sufrimiento.

Disfrutemos del poder transformador del amor en nuestra vida. Ese amor que nos lleva a sanar el cuerpo y el alma. Ese amor que nos lleva a hacer posible lo imposible.

Fotografìas: Freepik

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