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miércoles, 23 de marzo de 2016

Aceptación o lucha: una cuestión de decisión

Para la gran mayoría de las personas, aceptar es uno de los verbos más difíciles de conjugar.

Son muchas las historias que podría contar acerca de personas con baja capacidad de aceptación. Sin embargo, creo que el más significativo de los testimonios que me he encontrado, es el de una mujer de sesenta años, a quien su esposo la dejó hace unos treinta años, porque se enamoró de alguien más. Ella no quiso aceptar que esa relación afectiva llegó a su fin. Hizo miles de cosas por retener a este hombre a su lado. Poco a poco, lo que comenzó con la no aceptación, pasó a ser una obsesión por arruinarle la vida a su expareja. Su meta era que él se llenara de culpa y tuviera que regresar. Pero él nunca regresó. De manera que ella decidió entonces tatuarse una imagen de él en su cuerpo. El tatuaje que se hizo a todo color en su espalda, mide unos sesenta centímetros cuadrados.

Mi pregunta es ¿pudo esta mujer ser feliz todos estos años, después de su divorcio? Definitivamente no. De hecho, ella no ha vivido, sino que ha sobrevivido, en medio de un sufrimiento interminable.

Así como este ejemplo, hay miles de historias de personas con baja aceptación, que no han comprendido que la no aceptación trae unas consecuencias que nos hacen la vida miserable.

La aceptación es uno de los requisitos para alcanzar la felicidad. Por eso es un tema fundamental para todos. Además, me pareció un tema propicio para una época como ésta de semana santa, en donde la energía planetaria disponible nos invita al cambio, a la orientación de nuestra vida para el cumplimiento de nuestro propósito.

¿Por qué nos cuesta aceptar?

En parte porque hemos confundido aceptación con resignación; y en parte porque nuestro ego se cruza para reclamar su supremacía y hacernos perder contacto con la intuición y con el fluir de la vida.

Efectivamente, llevados por el ego y por la terquedad, nos empeñamos en generar expectativas sobre los otros y en moldear el entorno a nuestro gusto o parecer.

Aunque nuestra experiencia nos muestra que no podemos controlar muchas circunstancias del entorno, ni podemos cambiar a las otras personas, seguimos alimentando la ilusión de un poder interno capaz de lograrlo.

Más aún, sabemos que enfocarnos en luchar por acomodar la realidad de la vida a nuestras creencias o adaptar nuestras experiencias para que concuerden con nuestros deseos, nos condena automáticamente a pasar por círculos viciosos de sufrimiento y malestar.

Aceptar es fluir con las circunstancias, como el agua lo haría,  y eso significa dejar de luchar para lograr lo que queremos.

Así pues, aceptación no tiene nada que ver con resignación o con sumisión. Aceptar no se trata de vivir en victimización asumiendo culpas o “castigos de la vida”, como a veces nos han hecho creer desde los ámbitos religiosos.

Por el contrario, aceptar tiene que ver con desarrollar la capacidad de comprender el misterio de la vida y entender que cada situación o persona aparece por alguna razón, comúnmente para enseñarnos algo.

De esta manera, nos damos cuenta que el motivo por el cual nos cuesta vivir en actitud de aceptación es básicamente porque no hemos comprendido de qué se trata la vida, el universo, sus procesos y su organización.

Aprender a vivir la aceptación

Aprender a aceptar será uno de los caminos que tendremos que transitar todos los seres humanos para conocer la paz interior.

Aceptar es renunciar a seguir en la lucha interminable por cambiar lo inmutable. Aceptar es tomar conciencia de que esa lucha nos conduce inevitablemente a la desilusión, al desgaste emocional, al derroche de energía vital y al sufrimiento.

Por lo tanto, aceptar es llegar a comprender que lo único sobre lo que tenemos dominio es sobre nosotros mismos. Como decía Gandhi “si quieres cambiar el mundo, cambia tu”.

Si en lugar de enfocar nuestra atención en el afuera -es decir en los otros o en las circunstancias-, nos concentramos en nuestro mundo interior y optamos por cambiar nuestra realidad interna, experimentaremos el milagro de la aceptación en nuestras vidas.

Para llegar a este punto, hace falta recorrer el camino del autoconocimiento, de modo que podamos reconocer aquellas creencias que nos limitan y podamos transformarlas en nuevas formas de ver la vida, facilitando el nacimiento del amor puro en nuestros corazones.

En el camino de la aceptación, podremos verificar tres señales típicas de que estamos aprendiendo: 1) Paulatinamente, dejamos de juzgar a los demás; 2) Cada vez importa más el disfrutar, que el tener la razón; 3) Adoptamos visión de niño explorador, observando con atención lo que podemos aprender de cada situación o persona.





Libro recomendado:







En este libro, Eckhart Tolle, explica ampliamente el funcionamiento del ego.













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