Este blog es para todas las personas que queremos ser felices, que buscamos vivir mejor, que queremos disfrutar la vida plenamente, en paz y bienestar.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Tres consejos para aprovechar el poder de la mente

En un año lleno de aprendizajes como es este 2016, más nos vale que tomemos conciencia de que todo lo que creamos es porque primero lo creímos. Tal cual. Nuestra mente es una poderosa fuerza capaz de convertir en realidades palpables, lo que alguna vez imaginamos.

¿Cuántas veces hemos tenido la experiencia de haber pensado en alguien y que esa persona justamente nos llamara o nos escribiera en ese mismo momento?  
Algunos le llaman a eso coincidencias, otros “diosidencias”, otros los conocen como milagros. Yo les llamo sincronicidades, aunque son verdaderos ejemplos de cómo opera el mundo de la energía y del pensamiento.

De esta misma manera, como pasa cuando pensamos en alguien y al instante aparece, así ocurre con todos nuestros pensamientos.

Si los pensamientos están alineados con los deseos legítimos de nuestra alma y de nuestro corazón, tendremos materializaciones que traerán gozo y bienestar. Por el contrario, si los pensamientos están alineados con nuestro ego, tendremos realidades de dolor y sufrimiento.

Sé que creer en que esto funciona así, es algo complicado para quienes no han leído sobre física cuántica ni se han acercado a conocer los principios que aplican los budistas o a escuchar de las experiencias de los practicantes del yoga.

Toda la información reportada por los físicos, los budistas y los practicantes del yoga, confluye en un mismo punto: los pensamientos son unidades de energía que emitimos. Como la energía no se crea ni se destruye, sino que se transforma, los pensamientos siguen su camino para luego transformarse en realidades.

Dicho de otra manera, al final del día, por tratarse de energía creativa en movimiento, todo pensamiento es a su vez una intención que se materializará en algún lugar y en algún momento.

De esta forma, todo pensamiento es a su vez el producto de una mente y el origen de algún asunto que en cualquier momento será una realidad palpable.

Por eso todo lo que pensamos antecede a lo que creamos. Sólo que como no nos damos cuenta, nos convertimos en verdaderos irresponsables de lo que pensamos y de lo que decimos.

Con esta entrada de hoy quiero invitar a que tengamos conciencia de nuestros pensamientos a cada instante y que seamos prudentes con lo que decimos.

Cómo crear pensamientos de gozo y bienestar

Estamos en un momento de la historia de la humanidad donde poco se estimulan los pensamientos que nutren la mente para materializar gozo y bienestar.

Al contrario, abundan las malas noticias en la prensa, los comentarios negativos en la oficina, los pensamientos estresantes del jefe, etc. Y resulta que buena parte de nuestra mente se alimenta del entorno para desarrollar los pensamientos.

Si lo que queremos es materializar situaciones o realidades de gozo y bienestar, hay que nutrir la mente con pensamientos positivos. Esto se logra cuando tenemos conciencia de lo que pensamos. De esta forma podemos sustituir los pensamientos negativos por pensamientos positivos, tan pronto como nos percatemos de que hay que hacerlo.

Primer consejo:

En este sentido. si lo que queremos es aprovechar el poder creativo de nuestros pensamientos para materializar algo que deseamos para nuestra vida, entonces el primer consejo es que evitemos los ambientes pesados y nos alejemos de las personas negativas.

Por este motivo, decidí hace mucho tiempo no ver los noticieros de televisión, salvo en contadas excepciones. Esto es porque dedican buena parte del tiempo al aire para desarrollar noticias escabrosas y tenebrosas, que solo sirven para contaminar nuestra mente.

Segundo consejo:

Como segundo consejo, nos toca volvernos selectivos con la música que escuchamos. Estamos llenos de canciones con letras agresivas y hasta irrespetuosas con la dignidad humana. Nos parecen chistosas y además pegajosas, así que las vamos cantando en el carro o las bailamos en la fiesta.

No comprendemos que la mente no sabe de bromas, que nuestro inconsciente es literal, que no sabe de lenguajes figurativos y que no cuestiona nada sino que asume todo lo que le decimos como si fueran hechos irrefutables.

Para nuestra mente no importa si lo que propone la canción es una vulgaridad o un acto por fuera de la ley, simplemente es otro pensamiento más que se suma a los que ya están alojados.

Por eso, si no queremos hacernos cargo de lo que creamos con nuestra mente, entonces toda la música es válida y todas las letras de las canciones están perfectas.

Pero si lo que queremos es crear bienestar, nos cuidamos de lo que escuchamos y privilegiamos los sonidos y las letras que ayuden a nuestra mente a enfocarse en lo que nos sirve para crear bienestar.

Tercer consejo:

En sintonía con el anterior consejo, y sumado a que existe una ley universal que dice que de lo que das recibes, entonces nos cuidamos de lo que pensamos acerca de los demás seres.

Comprendemos que no vale la pena ocupar nuestra mente con pensamientos que no van a aportar bienestar a los demás, porque sabemos que tarde que temprano eso se nos devolverà.

Al contrario, disfrutamos entregando una sonrisa a los demás y observando lo positivo de las personas, para abrirnos a recibir lo mismo hacia nosotros en cualquier momento y lugar. 

Fotografías: Freepik.

martes, 15 de noviembre de 2016

¿Cómo tomar decisiones?

Toda la vida se trata de movernos a partir de decisiones. Tomamos decisiones todos los días, desde las más sencillas como puede ser qué ruta voy a tomar para ir a trabajar hoy, hasta las más profundas como por ejemplo qué carrera estudio o qué tipo de proyecto de vida quiero para mí.

A pesar de que es algo tan cotidiano, en realidad poco o nada se nos enseña para tomar decisiones con conciencia.

Salvo en contadas excepciones como los entrenamientos en liderazgo o en coaching que algunos hemos tenido la fortuna de recibir, en general brillan por su ausencia cosas como la inteligencia emocional para decidir o el aprender a conectarnos con nosotros mismos en cada paso que damos.

Para rematar, la sociedad del inmediatismo, del individualismo, de la banalidad y del énfasis en satisfacer el deseo, nos lleva a que cada vez más nos desconectemos de la conciencia y terminemos tomando decisiones sin pensar antes, más viscerales y arrebatadas, en lugar de ser estructuradas o aterrizadas.

Cómo podemos tomar mejores decisiones

Lo primero que hay que saber es que entre más nos conozcamos a nosotros mismos, mayor facilidad tendremos para tomar decisiones. Esto se debe a que las mejores decisiones son las que están alineadas con nuestro destino, con nuestro propósito de vida. Y eso solo lo sabremos cuando conectemos con nuestra esencia y la dejemos fluir en nuestra existencia.

Lo otro que hay que saber es que las decisiones tienen un componente racional, donde es posible que analicemos pros y contras, donde podemos incluso revisar escenarios probables y anticipar las consecuencias de nuestros actos. Pero también, y muy poderosamente, nuestras decisiones tienen un componente inconsciente, que nos lleva a actuar incluso de forma irracional, cuando no hemos desarrollado un autoconocimiento importante.

Pero cuando trascendemos y vamos más profundamente a nuestra esencia, nuestras decisiones toman un matiz más emocional (de emociones saludables) y espiritual, que se conecta con nuestro sentir, con nuestra intuición y con las leyes de la vida como karma-darma.

En este sentido escribe María Elvira Pombo en su libro “De la mano de los ángeles”. Esta experta en cómo es que los seres celestiales nos acompañan a lo largo de la vida, ha logrado  identificar dos tipos de decisiones que tomamos los humanos: decisiones de bienestar y decisiones de aprendizaje.

La autora se refiere a que cuando permitimos que las decisiones sean tomadas desde algo distinto a la esencia de nuestro ser, entonces afrontamos consecuencias que comúnmente conocemos como errores o fracasos, y que Pombo denomina aprendizajes.

Creo que conocer de estos dos tipos de decisiones, nos ayuda a enfocarnos en las mejores decisiones.



Equivocaciones?...o Decisiones de aprendizaje 


Retomando la distinción que hace Marìa Elvira Pombo, en efecto, ella menciona que las decisiones de aprendizaje son las que no tomamos directamente desde nuestra esencia, sino que nos dejamos llevar por los caprichos del ego o por la curiosidad humana.

Estas decisiones nos traen dolor, frustración, angustia y miedo, entre otras. 



Para comprender un poco cómo opera esta toma de decisiones, es como que, en lugar de seguir en línea recta por el camino de nuestro destino, tomamos un desvío para que al final del día nos damos cuenta de que por ahí no era. Claro, después de que sufrimos por experimentar esas emociones nada placenteras y terminamos metidos en situaciones incomodas, con resultados que suelen ser pesados o incluso nefastos. 


A veces las consecuencias que se tienen que afrontar por esas decisiones nos toman mucha energía vital y sobre todo mucha parte de nuestro tiempo, moviéndonos por un desvío que hubiéramos podido evitar. 



De todas formas, cuando tomamos este tipo de decisiones, no alineadas con nuestro destino, por llamarlas de alguna forma, normalmente aprendemos mucho. Así pues, me parece que es válido el hecho de no ponerles la etiqueta de errores o fracasos. Como dice Pombo, son decisiones de aprendizaje. Yo las identifico también como decisiones que corresponden a un cierto nivel de conciencia (o inconsciencia), es decir, que son equivalentes a lo que somos capaces de comprender en el momento en que las tomamos.
Al mirarlas de esta forma, podemos afrontar las consecuencias liberados de la carga del dolor, la culpa y el resentimiento. 

Podemos cuidarnos de las decisiones de aprendizaje revisando qué pasa en nuestro cuerpo cuando pensamos en cada decisión.

Si hay miedo o hay sensación de que las vísceras se contraen, estamos ante decisiones no acordes con nuestro destino.

Por eso es que se nos advierte en algunos entornos que no tomemos decisiones cuando estamos fuera de control, con las emociones en desorden. Las decisiones tomadas desde el caos interno, suelen ser decisiones de aprendizaje.





Aciertos?...o decisiones de bienestar 



Por otro lado, tenemos las decisiones de bienestar que son las que tomamos cuando seguimos el llamado del alma y nos dejamos guiar por una voz interior que es superior a nuestra humanidad. Es decir, cuando nos impulsamos por una fuerza que nos recuerda nuestro destino y nuestro propósito de vida. 



Estoy segura que todos hemos sentido lo que viene a continuación de una decisión de bienestar. Sentimos paz, armonía y una sensación de certeza, que proviene de una especie de certeza de hacer lo que es apropiado.

Cuando nos conectamos con esa esencia del ser, al mismo tiempo nos conectamos con el universo y sus leyes, por eso las decisiones que tomamos en este estado, son decisiones de bienestar.

De manera que cuando vayamos a tomar cualquier decisión, podemos pensar antes ¿Qué tanto contribuye esta decisión para mi bienestar y el bienestar de los demás? Y luego dejamos que nuestro ser nos hable mediante la intuición y la conciencia.

Así estaremos cada vez más conectados con decisiones de bienestar.

Fotografìas: Pixabay

martes, 20 de septiembre de 2016

Cinco pistas para identificar el amor verdadero

Una de las primeras entradas de este blog fue sobre el amor. La escribí hace un poco más de dos años y se convirtió en la más leída. Eso no es casualidad. Amar es una de las grandes cuestiones del ser humano. En mi consulta lo veo y en mi taller Aprender a Amar lo compruebo también.
Estoy convencida de que el amor es, al mismo tiempo, un gran reto como seres humanos y un gran anhelo de nuestras almas. Voy a explicar un poco estas dos afirmaciones.

El amor es un reto

El amor es un reto porque como se nos olvidó el verdadero significado del amor, nos toca aprenderlo a lo largo de la vida.
Esto se debe a que, como humanidad, hemos estado alimentando la ilusión masoquista de que tenemos que sufrir para ser felices. En consecuencia, hemos convertido el amor en una tragedia y a ratos en un melodrama y en una tragicomedia.
Por eso, en nombre del amor, lloramos, sufrimos, enfermamos, queremos morir y hasta nos matamos.
Hemos disfrazado los más bajos instintos con la capa del amor, para fomentar la victimización, relacionándonos con los otros con manipulación y dominación.
Y si, la vida trae retos para que aprendamos en algunos momentos. Pero el amor no daña, ni hace sufrir.

El amor es un anhelo del alma

Desde Einstein hasta nuestros días, hay muchos científicos y estudios que demuestran los beneficios de esa magnífica fuerza llamada amor.
El amor es una energía poderosa que nos conecta con nuestra más profunda esencia y con todo el universo.

Ni hablar de los efectos del amor a todo nivel. Por ejemplo, a nivel biológico, el amor tiene consecuencias benéficas para nuestro cuerpo. Nos lleva a crear neurotransmisores que generan una sensación de bienestar y alivian el dolor.

Mientras que, en el nivel emocional, el amor nos lleva a experimentar paz interior y felicidad, porque nos ayuda a conectarnos con los demás y a establecer relaciones sanas y duraderas.
Por último, a nivel psicológico, el amor contribuye a elevar la autoestima.

Así pues, es lógico que, en el fondo de nuestras almas, hay un profundo anhelo de amar y ser amados.
Entonces ¿cómo podemos amar verdaderamente? Esa es la gran pregunta. Porque en medio de tantos mitos y equivocaciones sobre lo que es amar, por supuesto, que poco se cree que llevar el amor a la vida práctica sea algo posible.

¿Como reconocer el amor verdadero?

En primera instancia, hay que reconocer que el amor es alegría, es esperanza, es motivación, es pasión, es armonía, es generosidad, es bondad, es compasión, es paz interior.
Lo segundo para hacer, si quieres relacionarte desde el amor verdadero, es formularte estas preguntas que aplican para cualquier tipo de relación, aunque se ven mucho más claramente en las relaciones de pareja:

1.                  ¿Elegiste libremente construir esta relación?

Muchas veces la relación se fundamenta en un capricho o un apego de alguno de los dos o incluso de los dos.

En realidad, las relaciones sanas se basan en la libertad de los dos, para que los dos puedan tener sus espacios juntos y también a solas o con otras personas.
Hay tres palabras claves para poder conservar una equilibrada libertad: confianza, respeto y diálogo, de tal manera que se puedan establecer acuerdos.

Si observas que estás en una relación que no te da libertad, en algún momento te sentirás asfixiado o cansado y probablemente tomarás decisiones que casi siempre traen dolor para todos.


2.                  ¿Eres tú mismo(a) en la relación con la otra persona?

Lamentablemente hay personas que se vinculan en relaciones de pareja desde máscaras, apariencias y fachadas, para camuflar la propia identidad, de manera que concuerde con la persona que les atrae.

Esa es la historia que se aprecia en la comedia romántica “The ugly truth” (2009), protagonizada por Katherine Heigl y Gerard Butler. En efecto, la película muestra a una productora de televisión, Abby, que quiere conquistar a su vecino, un cirujano. Para lograrlo, decide hacerle caso al presentador del programa, Mike, quien supuestamente conoce todos los secretos del amor. Así pues, Abby sigue al pie de la letra todos los consejos de Mike, sobre cómo actuar con su vecino, qué decir, cómo vestirse, etc.
El plan funciona, Abby conquista al cirujano, pero se da cuenta de que lo hizo pretendiendo ser alguien que ella no es.

Video: Trailer The Ugly Truth



Como Abby, muchas personas caen en ese mismo error de pretender ser quienes no son, sólo por tratar de agradar a la otra persona. Lo hacen porque tienen problemas de autoestima y creen que no son lo suficientemente valiosas como para ser dignas de ser amadas.

Tarde que temprano las máscaras se caen y siempre queda la persona tal como es. Así que es mejor ser auténticos desde el principio, evitar falsas expectativas y fluir. El amor verdadero exige la autenticidad y, tras ella, el autoconocimiento.

3.                  ¿Sacas la mejor versión de ti mismo?

Toda relación sana, saca lo mejor que tiene cada uno de los dos, porque ambos quieren ser mejores seres humanos cada día.

El amor es el motor que impulsa a desarrollar todos los valores y virtudes de las personas.
Si en lugar de sacar la mejor versión de ti mismo, la relación de pareja que tienes te está ayudando a convertirte en una peor persona, esa es una clara señal de que esa relación no corresponde al amor verdadero o, al menos, no es una relación sana.

4.                  ¿Tienes expectativas que pones a la otra persona?

Cuando la relación de pareja se construye desde el egoísmo, es decir, para suplir necesidades propias o llenar vacíos, ocurre que se generan expectativas de lo que debe o no debe hacer la otra persona para complacernos.
Al contrario, cuando una relación de pareja es sana, no hay expectativas hacia el otro, sino un proyecto de vida conjunto, que se dialoga y se alimenta entre los dos. Ese es el llamado cuando hay amor verdadero.

5.                  ¿Esta relación te aporta bienestar?

Una relación de pareja sana, trae siempre paz, hace que se sienta bienestar a todo nivel.
Si en lugar de bienestar, se siente angustia, miedo o desolación, algo no está funcionando bien.
Cabe anotar que es común que, al comienzo de una relación, las dos personas sientan algo de angustia de “perder al otro”, pero poco a poco se va madurando y se va comprendiendo que en el amor verdadero, nadie es posesión de nadie y que cuando estamos en una relación es porque así lo decidimos libremente.
De nuevo, la confianza, el respeto y el diálogo serán claves para el bienestar de los dos.

Con estas preguntas podemos enfocarnos en fortalecer relaciones sanas, en relaciones completamente alejadas de la victimización, la dominación o la manipulación.  Y por otro lado, estas preguntas nos ayudan a tomar conciencia y darnos cuenta de cuando no estamos construyendo relaciones de amor verdadero, de manera que podamos soltarlas y continuar nuestro viaje más fluidos en esta vida.

Fotografías: Freepik

miércoles, 31 de agosto de 2016

Regresar a la unidad interior

Hace unas semanas tuve la oportunidad de conversar con una colega, quien recién llegó del “Camino de Santiago”.

Para quienes no están familiarizados con el camino de Santiago, se trata de una ruta de cientos de años de tradición, por donde el apóstol Santiago anduvo y que los peregrinos de todas partes del mundo atraviesan cada año.

El camino parte del territorio francés, avanza por el norte de España y termina en el sepulcro del apóstol Santiago.

La motivación para hacer esta travesía es básicamente porque es un recorrido espiritual, aunque también implica toda una aventura cultural y de contacto con la naturaleza.

De todo el maravilloso relato que mi colega hizo, sobre sus más de 700 kilómetros recorridos a pie, durante casi un mes en el camino de Santiago, me llamó la atención ese sentido de solidaridad y de unidad que ella sintió entre los peregrinos y con los lugareños.

Me narró su experiencia en los albergues que son los lugares que hospedan a los peregrinos como ella, en donde se aprende especialmente de tolerancia, comprensión y del poder de lo simple.

También me contó sobre las “coincidencias”, o sea las que yo llamo sincronicidades, que son experiencias que nos ayudan y oportunidades de aprendizaje que se dan cuando fluimos con la vida.

Tal parece que, en el camino de Santiago, las sincronicidades son el pan nuestro de cada día. Esto permite que cada peregrino se encuentre y reencuentre justo con las personas que necesita encontrarse, con las que están en la misma resonancia, con las que requieren andar un mismo tramo a la par.

De tal manera que conocer este nuevo relato del camino de Santiago, me hace pensar que esta aventura es como una metáfora de lo que ocurre en la vida.

Por ejemplo, una semejanza que veo es la relacionada con el fluir.

Es decir, así como ocurre en la vida misma, el camino de Santiago permite comprender que, si nos resistimos, si oponemos nuestra fuerza a las maneras de ser de las otras personas, tratando de amoldarlas a nuestra forma de pensar o de cambiarlas según nuestra conveniencia, la vida se convierte en una lucha. Y resulta que eso que nos empeñamos en cambiar afuera, se nos presenta una y otra vez, hasta que aprendamos que la clave está en aceptar y fluir.  Cuando lo aprendemos, lo que nos causaba resistencia, desaparece por arte de magia.

Otra similitud que encuentro entre Santiago de Compostela y la vida, está relacionada con la forma como nos equipamos para vivir.

Así pues, si en la travesía a pie, el peregrino lleva un morral muy cargado de más cosas de las que verdaderamente necesita, seguramente sufrirá bastante por el peso de la carga. Tal como sucede en la vida, pues si nos cargamos de pensamientos negativos o de nuestro pasado o de las cosas de los demás, nuestro camino se convierte en una prueba desgastante, que nos agota la energía y nos puede enfermar. Entre más ligeros de equipaje caminemos, más fácil es la vida, como en la travesía.

Y así, encuentro varias similitudes entre Santiago de Compostela y la vida. Sin embargo, la que más me gusta, es la analogía en el tema de la unidad.

La unidad es una sensación tan indescriptible, como indispensable. Es una sensación de que somos parte de un mismo universo, junto con todos los demás seres, no importa si son iguales o diferentes.
Y así, aunque no he realizado aún el camino de Santiago, siento que la unidad es el elemento más interesante de la travesía, porque experimentar la unidad es algo escaso por estos días.

El mundo acelerado, el consumismo, la competencia a ultranza, el inmediatismo y el individualismo, nos llevaron a omitir esta necesidad del alma de experimentar la unidad y nos hicieron olvidar lo bien que se siente.

En este caso, la analogía, ocurre al contrario: tal como los lugareños, los peregrinos y la misma naturaleza del camino de Santiago, donde pasan los días como en una gran familia en la que todos caben y comparten, así es la vida misma.

En realidad, no estamos divididos sino unidos. Somos uno para todos y todos para uno. Somos una gran familia planetaria, sin importar la raza, la nacionalidad, la edad o el credo religioso, todos tenemos las mismas necesidades, todos queremos un abrazo, o deseamos llorar en un momento dado, tenemos sueños y, al final del día, todos buscamos ser felices.
Por eso quería retomar esta experiencia de mi colega, y juntarla en mi mente con los relatos que había escuchado antes de ella. Porque me parece que todas esas similitudes del camino de Santiago con la vida, son importantes. Y, sobre todo, porque creo que necesitamos recuperar la sensación de unidad para sentirnos felices de verdad.

Cómo conectarnos con la unidad interior

Genial si podemos ir al camino de Santiago. Pero si no lo hacemos, podemos inventarnos experiencias de unidad.   Les comparto que he aprendido a crear mis espacios para conectarme con esta sensación. Por ejemplo, camino sola, saco ratos para sentarme en medio de la naturaleza, medito y disfruto del silencio.

Lo que se siente es indescriptible. Es paz interior. Esa paz interior surge al tener la posibilidad de conectamos con nuestro ser y, al hacerlo, aunque suene paradójico, nos estamos conectando con todo el universo.  Es una sensación muy cercana a la felicidad total.


Mi invitación es a que cada uno encuentre su propia manera de experimentar la unidad interior porque es parte de nuestra naturaleza y porque nos ayuda a relacionarnos mejor con los otros y con la vida, así como los caminantes de Compostela.

Fotografìas: Freepik, Google.

lunes, 11 de julio de 2016

¿Cómo podemos sanar?

En la entrada anterior, escribí sobre algo de lo que aplico en mi vida y lo que sugiero a mis consultantes para conservar la salud.

Pero ¿qué sucede cuando nos enfermamos?, ¿cómo podemos sanar?

De esto quiero compartirles hoy. En la entrada anterior, mencionaba que la salud está relacionada con seguir unas leyes universales y con vivir en coherencia con nuestra alma y nuestro ser. Y así funciona. Más concretamente, la salud es un asunto de compromiso propio con la vida y de realizar la misión para la que nos fue otorgada la existencia. O sea que la sanación involucra un proceso de toma de conciencia y, por consiguiente, se realiza tanto en el plano físico como en el plano espiritual.

Si, por ejemplo, transgredimos nuestra esencia humana de amor y nos centramos en el odio, nuestro cuerpo enfermará tarde que temprano. La única manera de evitarlo es tomando conciencia y cambiando la información que enviamos al cuerpo.

Así pues, para sanar, lo primero que hay que hacer es reconocer que la enfermedad es sólo la punta del iceberg. Esto significa que la enfermedad es únicamente una señal de algo que es más profundo. Nos anuncia que, en algún momento, existió una incoherencia entre el ser-hacer-pensar-sentir-decir.

Reconocer el origen de cada enfermedad

De manera que, si una persona quiere sanar, deberá tomar conciencia de qué es exactamente lo que pasó en su vida, qué decisión incoherente tomó, qué emoción grabó en sus células y cómo es que se quedó anclada inconscientemente a esa situación.

En efecto, una mujer con un odio grande por su naturaleza femenina y, en consecuencia, posiblemente con un masculino adolorido, es muy probable que desarrolle cáncer de útero en el largo plazo. En mi experiencia con los seminarios, he encontrado diferentes situaciones de origen. Puede ser que la mujer con cáncer de útero provenga de un padre opresor y de una madre silenciosa. A lo largo de su vida repetirá este patrón masculino encontrando una pareja o un jefe o ambos, para que la opriman. Y esta mujer, a su vez, se verá silenciada por el propio miedo, permitiendo la opresión masculina una y otra vez.

En una ocasión, a una chica joven que acudió a mi consulta, le dije que tenía su energía masculina muy elevada. Me preguntó que si sería por eso que en un examen de sangre reciente le habían detectado un cierto nivel alto de una hormona masculina. Por supuesto que tiene que ver, le dije. El cuerpo va manifestando lo que estamos haciendo en el plano mental y emocional. Así que el cuerpo de esta chica ya estaba mostrando una tendencia a desbalancear la energía femenina.

Por el contrario, si un hombre tiene problemas con su naturaleza masculina, desarrollará problemas de próstata en el largo plazo, los cuales pueden llegar hasta el cáncer.

De otro lado, una persona con conflictos para comunicar o para crear, desarrollará enfermedades relacionadas con la tiroides o con las amígdalas, por ejemplo.

Otra persona que tenga problemas para administrar adecuadamente sus emociones, desarrollará enfermedades relacionadas con el sistema digestivo. Por ejemplo, si tiene ira reprimida por años, se manifestará el hígado. Si lo que hay es dificultad para expresar la ternura, el páncreas será el que se manifieste. Si hay un miedo muy fuerte, será el riñón el que se exprese. Y así sucesivamente.

Por el contrario, una persona con una autoestima baja, desarrollará enfermedades autoinmunes. La gama de este tipo de enfermedades es muy grande. Por citar algún ejemplo, la esclerosis múltiple, expresa que la persona tiene rigidez mental y que ha estado con la creencia inconsciente de que tiene que cumplir con unos estándares de perfección para ser amada por los demás.

De otro lado, si una persona tiene conflicto con el amor o con la sexualidad, se inclinará por racionalizar todo y es posible que desarrolle enfermedades como la migraña.

Otra persona con problemas para resolver sus propios conflictos, puede expresar este asunto mediante la hipertensión. Por consiguiente, como lo afirman T.Dethlefsen y R.Dahle, la hipertensión es indicio de agresividad reprimida.

Así pues, podríamos seguir con cada parte del cuerpo y su simbolismo. Lo importante es saber que no nos enfermamos de casualidad, nos enfermamos cuando nuestro cuerpo lleva mucho tiempo recibiendo cierta información que le enviamos y nos enfermamos de lo que necesitamos para comprender lo que hicimos.

Insisto en que esto es difícil de comprender para quienes aún están con la era de la medicina de las drogas químicas. Esa era de la medicina concibe la enfermedad de otra manera. Así que no trato de hacerlos cambiar su idea, solo los invito a mirar la nueva forma en que, poco a poco, comenzamos a comprender la salud y la enfermedad.

La era de la energía

Ciertamente estamos entrando en la era de la energía del cuerpo.

¿Para qué sirve esta nueva forma de ver la enfermedad? Para llegar al fondo y sanar de verdad la raíz de la situación.

En este sentido, hace poco escuchaba al médico colombiano Santiago Rojas, que se ha dedicado a la medicina alternativa por gran parte de su vida y ha publicado libros sobre el tema.  Decía que los medicamentos para la depresión solo logran alrededor del 40% de mejoría del paciente.
El mismo médico explicaba que los medicamentos se quedan cortos muchas veces.

Cabe anotar que para Rojas, la salud también es un asunto espiritual. Estoy plenamente de acuerdo. En mis palabras, lo que hacemos es co-crear con un Ser Superior. Somos administradores de la vida que nos fue dada y co-administramos con ese Ser Superior que nos dio la vida. Por eso la enfermedad aparece como una maestra para recordarnos de qué se trata la vida y cómo podemos administrar mejor nuestra existencia.

Así pues, la medicina de la energía mira la parte de responsabilidad nuestra en la enfermedad, para luego darnos las opciones de auto sanación. El camino de la sanación está más relacionado con asumir nuestra responsabilidad, que con medicarnos.

En el caso de la depresión, bajo esta nueva perspectiva de la salud, lo que habría que preguntar es qué deprime a la persona con depresión. La respuesta la han aportado los autores T.Dethlefsen y R.Dahle, en su libro “la enfermedad como camino”. Lo que deprime a la persona con depresión es una de estas tres opciones: agresividad, responsabilidad o renuncia.  Todas con un punto en común: la depresión es un mecanismo inconsciente de huida, porque la persona con depresión lo que tiene es miedo.

Otro caso: Hace mucho más tiempo, como unos seis años atrás, conocí muy de cerca el caso de la sobrina de una de mis estudiantes. Era una niña hermosa de cuatro años de edad a quien le dio cáncer en el cerebro y finalmente murió. Lo que el neurocirujano le dijo a mi estudiante, me dejó impactada. Según me contó ella, el médico le explicó que el cáncer de cerebro le daba indicios de que había algo en lo que la niña no quería ni pensar, por eso el simbolismo del cerebro.

Y así pudiera seguir citando más anécdotas y contando casos. Es literalmente una forma opuesta de ver la enfermedad, no es la que por mucho tiempo hemos estado acostumbrados.

Sanando nuestro propio cuerpo

Siguiendo esta nueva forma de ver la salud, he aprendido que podemos sanar mediante los principios de la física cuántica.

Esto significa que podemos cambiar la información que hay en nuestras células y generar transformaciones en nuestro cuerpo.

Así pues, existen varias técnicas que nos pueden llevar por el camino de la autosanación. Todas coinciden en que amar, perdonar, vivir en gratitud y alegría, son condiciones para sanar.

Algunas técnicas son: el código de curación (Alexander Loyd y Ben Johnson), el ho’ponopono (tradición de Hawai), el reiki (usa la energía universal y es originario de Japón) y técnicas con alimentación (por ejemplo la que usa el limón para sanar el cáncer porque este cítrico cambia el ph del cuerpo). Existen también la acupuntura, la digitopuntura y la terapia neural.

En lo personal, como terapeuta reiki, recomiendo ampliamente esta terapia. De igual forma recomiendo los códigos de curación y la meditación diariamente.

Lo importante es que la persona logre tomar conciencia, sanar las emociones y transformar los pensamientos y las creencias que lo llevaron a enfermar. Y a esto le añado, que la persona sienta la presencia de la Divinidad en su ser y comprenda que la vida y la salud le son otorgadas para que cumpla con su plan en esta tierra.

Por ejemplo, si hay ira contra alguien, hay que sanarla. Si ya apareció el problema en el hígado, hay que sanar la ira, perdonar y hacer las técnicas de autosanación con las que la persona se sienta cómoda.


Y lo más importante, muchas personas han logrado sanar, así que todos podemos sanar.

Videos recomendados


El código de curación



Reiki


Fotografías: Pixabay

lunes, 4 de julio de 2016

¿Cómo conservar la salud?

La vida es una hermosa aventura para ser felices. A su vez, la felicidad parte de comprender las leyes de la vida y de vivir alineados con la fluidez, el desapego, la autenticidad, el amor y la sabiduría.

Así pues, entre más comprendemos estas leyes y las seguimos, entre más coherentes somos entre lo que decimos, hacemos, sentimos y queremos, consciente e inconscientemente, más salud tenemos y más resultados positivos vemos en todas las áreas.

De manera que ser felices es sencillo. Sin embargo, los seres humanos nos complicamos muchas veces la existencia y nos resistimos a comprender esas leyes de la vida y, en consecuencia, nos metemos en duros aprendizajes y en experiencias dolorosas que nos ponen entre la espada y la pared.
Estas lecciones pueden aparecer en áreas como la del amor, el dinero, la salud y otras más.  Aparecen en distinta intensidad y duración. Todo depende de lo que nos hayamos resistido a aprender.

En próximas entradas hablaré de estas leyes de la vida. Hoy quiero centrarme en el tema de la salud, quiero compartir algunas reflexiones y entregar unas simples sugerencias que nos ayuden a vivir mejor.

La salud y la enfermedad

Salud no es solo ausencia de enfermedad. Salud significa armonía de la energía vital que cruza por nuestro cuerpo. En palabras más profundas, salud significa unidad interior.
Por el contrario, enfermedad es el caos o el atascamiento del flujo de la energía vital dentro de nuestro cuerpo. En un sentido más profundo, se puede decir que la enfermedad aparece cuando la persona no se encuentra unificada.

Pero quedémonos con el concepto de salud igual armonía y enfermedad igual caos o atascamiento de energía.

Comprendo que esta visión es bastante difícil de aceptar para muchas personas y los entiendo. La razón de que no se comprenda este asunto de la “energía” es que todavía estamos en una era de la medicina que los científicos Alexander Loyd y Ben Johnson, han denominado “la era de las drogas químicas”, en su libro “El código de curación”. En este gran período de la medicina, se ha buscado que cada enfermedad tenga su tratamiento químico o su cirugía, o ambas.

Poco se ha ido, en esta era de la medicina, a encontrar una causalidad más allá de lo evidente.
Sin embargo, paulatinamente estamos conociendo nuevas evidencias científicas que nos están llevando a comprender la enfermedad desde otro punto de vista, uno no tan evidente: el de la energía.
Al respecto, Loyd y Johnson, citan al profesor William Tiller, de la Universidad de Stanford, quien afirma que “la medicina futura se basará en controlar la energía del cuerpo”.

Por eso no es casualidad que estén apareciendo numerosas terapias alternativas como el reiki o la biodescodificación celular, cada vez más aceptadas en los ámbitos tradicionales de la medicina.
Quienes trabajamos como terapeutas en estos campos y hemos conocido casos de sanación o la hemos experimentado en carne propia, yendo en contravía de todos los pronósticos de la medicina académica, sabemos que es cierto, que hay una parte muy importante de nosotros implicada en la sanación o en la enfermedad. Esta parte de nosotros es la que encausa la energía vital, de tal forma que origina la armonía o el caos.

Así pues, cuando una persona toma la iniciativa de no victimizarse ante la enfermedad, sino de darse cuenta que ella es partícipe de su enfermedad, está dando el primer paso para la sanación.

En efecto, cuando la persona adopta una actitud proactiva y ve la enfermedad como una oportunidad de aprendizaje, lo que ocurre es que renuncia al recurso de utilizar la enfermedad como la excusa para rehuir sus asuntos pendientes. Tal como lo afirman T.Dethlefsen y R.Dahlke en su libro “La enfermedad como camino”.

Como cada vez tenemos más evidencias científicas que demuestran la capacidad humana de transformar las células de nuestro cuerpo, debido a los principios de la física cuántica, paulatinamente será más común observar la causalidad entre resentimiento y cáncer, por citar un ejemplo.

Todo esto lo han explicado los autores citados y muchos otros de renombre internacional, así como los estudios de universidades muy reconocidas a nivel mundial.

De manera que, literalmente, cada vez va a ser más fácil comprender y aceptar que nuestra salud depende de nosotros mismos, en muy buena parte.

Tips para conservar la salud

Conservar la salud consiste básicamente en aprender a encausar la energía vital en nuestro cuerpo para dejarla fluir adecuadamente, sin que se atasque o se vuelva caótica.

Para lograrlo, hay que incorporar unos hábitos saludables en nuestra vida, que tienen que ver con el sueño, la alimentación, el ejercicio, la meditación y, muy especialmente, con la administración de las emociones.
Todo lo anterior requiere disciplina, algo que muchas veces no cultivamos, por eso necesitamos saber dos cosas:
En primer lugar, hay que reconocer que nuestro cuerpo es como un templo sagrado, que contiene un cerebro capaz de crear grandes innovaciones y que aloja un alma que está conectada con todo el universo.
No se trata de esclavizarnos del cuerpo o convertirlo en un dios. A lo que me refiero es a verlo como un tesoro que tenemos la obligación de cuidar.

En segundo lugar, hay que comprender que nuestro cuerpo es un ser en permanente evolución y hay que sentirlo como algo en proceso continuo de transformación. Para citar un ejemplo, somos capaces de moldear nuestro cerebro, mediante el desarrollo de destrezas o el almacenamiento de nueva información.

De esta forma, podemos asumir un compromiso con nuestro cuerpo y tener más cuidado en todo lo que le permitimos o hacemos con él.

Dormir: Nuestro cuerpo requiere dormir para poder autorregularse en todo el biorritmo y para poder disponerse a estar vigilante al día siguiente. Además el sueño permite al cuerpo el reparar sabiamente los tejidos.

Alimentación: Nutrir nuestro cuerpo con alimentos variados, en las porciones necesarias y en unos horarios en que nuestro cuerpo se acostumbre, es algo realmente importante.

En mi opinión, una buena forma de lograrlo es con alimentos de origen vegetal y todo lo más natural posible, sumado a un buen consumo de agua diariamente.


Ejercicio: Hacer ejercicio es algo que ayuda a despejar la mente, alimenta el espíritu y fortalece el cuerpo, de manera que es fundamental para estar saludables.

Puede ser una simple caminata de media hora diaria, lo importante es disfrutar de ese rato para que nuestro cuerpo se ejercite. La clave es mantener siempre nuestro cuerpo en movimiento.

Meditación: Cada vez tenemos más evidencias científicas de los beneficios que trae tanto para el cuerpo como para la mente, el hecho de sacar unos quince minutos diarios para meditar.

Tal vez el mayor de los beneficios de la meditación es que libera el estrés, el principal causante de la enfermedad, como lo explican Alexander Loyd y Ben Johnson en su libro “El código de curación”.
Hay muchas formas de meditar, cada persona puede elegir la que más se acomode con su forma de ser o de vivir. En una entrada anterior dentro de este blog, les expliqué cómo pueden meditar.

Administración de las emociones: Cuando nos conectamos con emociones como el gozo, la paz, el amor, la compasión, nuestro cerebro segrega unas hormonas que hacen que nuestro cuerpo sienta bienestar. Cada vez que sentimos estas emociones, nuestro organismo recibe cargas de dopamina y serotonina, que son neurotransmisores de autosanación.

Por el contrario, si nos llenamos de rabia, hostilidad, resentimiento, tristeza, nuestro cuerpo se llena de miedo, se estresa y nuestro cerebro crea neurotransmisores como el cortisol, que suprime el sistema inmunológico.

En síntesis, si queremos conservar nuestra salud, podemos practicar estas cinco sugerencias, al mismo tiempo que tomamos las riendas de nuestra existencia mediante la conciencia de todos los aprendizajes y, también, mientras caminamos por el sendero de las leyes universales de la vida.

Pero si ya la enfermedad está en nuestro cuerpo, ¿cómo podemos sanar?, parte de la clave está en comprender qué pasó con la energía, qué hicimos para no encausarla correctamente. De esto hablaré en mi próxima entrada.

Próxima entrada: ¿Qué podemos hacer para sanar?


Video recomendado: "Reinventing the body".



Fotografías: Pixabay