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lunes, 23 de marzo de 2015

Del miedo y cómo afrontarlo

Hace muchos días que no escribía para mi blog, así que presento disculpas a mis lectores porque sé que esperan mis escritos y para mi es un honor y un compromiso.

Escribir sobe el miedo me llamó la atención porque siento que es una emoción que, si bien es normal para los animales (incluido el hombre), puede llegar a causar estragos al anular el potencial creativo de una persona o de un grupo social.

¿Qué es el miedo?

Los psicólogos hablan del miedo como una reacción que nos protege de los peligros y que, según eso, ha sido fundamental para la supervivencia de la especie humana. Igualmente los psicólogos dicen que el miedo es una emoción básica que es compartida por todos los seres humanos.

El miedo se puede evidenciar en tres niveles: un nivel motor, que lleva a la persona a paralizarse o a salir corriendo; un nivel emocional que es una experiencia única para cada sujeto, pero que en general es una sensación desagradable; y a nivel fisiológico, con una serie de cambios en el organismo para alertar del estímulo amenazante.

Sobre este último nivel, Daniel Goleman dice en su libro “Inteligencia emocional” que “con el miedo, la sangre se va a los músculos esqueléticos grandes, como los de las piernas, y así resulta más fácil huir, el rostro queda pálido debido a que la sangre deja de circular por él (creando la sensación de que la sangre se hiela). Al mismo tiempo el cuerpo se congela, aunque sólo sea por un instante, tal vez permitiendo que el tiempo determine si esconderse sería una reacción adecuada. Los circuitos de los centros emocionales del cerebro desencadenan un torrente de hormonas que pone al organismo en alerta general, haciendo que se prepare para la acción, la atención se fija en la amenaza cercana, lo mejor para evaluar qué respuesta ofrecer”. 

Video: el miedo




Otras perspectivas del miedo

Sin embargo hay otras perspectivas para mirar el miedo. Una de esas perspectivas es la que quiero retomar: el miedo como la emoción opuesta al amor.

Hace más de una década que escuché por primera vez ese planteamiento y realmente debo decir que quedé atónita. Siendo sincera yo no comprendí esa idea en aquel entonces.  Esa visión del miedo se la he escuchado a seres muy especiales, del mundo de la terapia alternativa.

Ahora puedo decir que no sólo comprendo esa mirada del miedo, sino que estoy plenamente de acuerdo. 

En su nivel más bajo, el miedo es una emoción meramente animal, una emoción que está ligada al instinto de supervivencia y que por supuesto  ha sido necesario, en la filogénesis de la especie humana. 

Pero en mi opinión, no es posible encontrar otras utilidades del miedo. Al contrario, dado que el ser humano es en esencia amor, el miedo termina siendo un obstaculizador que impide avanzar en la evolución de la conciencia. 

En este orden de ideas, el miedo sólo sirve para desconectarnos de nuestra esencia amorosa y creativa, de seres humanos que en realidad tenemos un espíritu que nos conecta con todo el universo.
Así pues, el miedo es un estado de ausencia de fe, es decir un vacío del amor que nos une a todos. 

Visto de esa manera, el miedo se convierte en la semilla de la desesperanza, que germina para carcomer los sueños, destruyendo las ilusiones, que son el motor para avanzar y progresar.

De este modo, cuando una persona deja que el miedo se instale en su mente, por largos períodos de tiempo, el miedo echará raíces y se convertirá en un monstruo imaginario que condicionará todas las decisiones y actuaciones. Lo que se convierte al final del día en una triste paradoja: la persona no actúa por miedo y cada vez que lo hace, el miedo se vuelve más fuerte.

Personalmente siento pesar cuando veo personas que no toman decisiones o que no actúan conforme a su esencia o a su misión. La gran mayoría de ellas –si no es que todas- están influenciadas por miedos internos que ellas mismas dejaron que se instalaran. Es una verdadera lástima. 

Sugerencias para vencer el miedo

En estos días alguien me preguntaba si me da miedo hablar en público y siendo honesta no me da miedo. Sin embargo, hace mucho tiempo tuve miedo de hacerlo. ¿Qué pasó entonces? Que vencí el miedo.

Cuando miro en mi historia personal, descubro que la clave de disolver un miedo es simplemente afrontarlo. Y eso se logra con fe, con autoconocimiento y con mucha voluntad. Si es el caso, la persona puede buscar ayuda. Lo importante es que no se permita que el miedo anule el potencial creador.

Si yo no hubiera vencido ese miedo de hablar en público que algún día se creó, jamás hubiera podido dictar clases en la universidad ni dictar conferencias. Y esas dos actividades son claramente parte de mi misión en esta tierra. Son cosas que me apasionan, que disfruto hacer y me traen muchas satisfacciones. 

Algunas recomendaciones para diluir los miedos:

- Fortalecer la fe.
- Hacer un proceso de autoconocimiento.
- Realizar actividades como meditación y respiración consciente.

Libro recomendado:






Este best seller de Daniel Goleman, permite comprender las diferentes emociones y entrega elementos para gestionarlas.







Créditos fotografías: Freepik

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