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sábado, 6 de diciembre de 2014

Si Cenicienta no tuviera hada madrina


En varias ocasiones, me han preguntado por qué decidí crear un programa de formación para promover y acompañar el empoderamiento de la mujer. 

Y esta semana me preguntaron también si  mi propuesta es de orientación feminista.

Entonces me pareció importante escribir un artículo para hablar sobre la mujer, contar un poco de la inspiración del programa La Magia de Ser Mujer y, al mismo tiempo, dejar unas reflexiones para todos los lectores-hombres y mujeres-, a quienes agradezco su compañía en este blog.



Una Cenicienta diferente…

Sobre el tema de la mujer, hay muchos referentes en el imaginario colectivo. Dentro de ellos, creo que los cuentos de hadas pesan bastante en la mente inconsciente de las niñas. A veces me he cuestionado sobre los cuentos con los que creció mi generación. Por ejemplo si Cenicienta fuera diferente.

¿Qué pasaría si el cuento de la Cenicienta lo volviéramos a escribir?…y ¿si ya no tuviera hada madrina?… creo que aparecería una Cenicienta a la que le tocaría sacar toda su fuerza interior femenina y juntarla con el coraje, la valentía y la fe internas, para darle un giro a su vida miserable.


O ¿qué pasaría si la madrastra  jamás se hubiera adueñado del castillo porque Cenicienta se opuso con tanta fuerza femenina, que no la dejó?

Estoy convencida de que llegó la hora de romper con muchos estereotipos de mujeres, entre ellos los de cuentos de hadas. El mundo necesita mujeres empoderadas, no mujeres que se queden esperando un hada madrina que les cambie la vida o que llegue un príncipe azul que las rescate. Como tampoco se necesita de mujeres cegadas por la ambición y sin escrúpulos, como la madrastra.


Una historia que creó una vocación

Para responder a las preguntas que me han hecho acerca de mi iniciativa, siento que lo primero que debo decir es que esta propuesta de formación para mujeres nace desde lo más profundo de mí ser, como una misión y una vocación que Dios puso en mi corazón desde siempre.  Y en el camino, gracias a mi trabajo con la gente, me di cuenta de que hay una necesidad sentida de las mujeres –y de los hombres- de reconsiderar nuestra esencia. 

Tengo montones de anécdotas e historias –comenzando por la de mi madre y mi propia historia-, de mujeres a las que he visto sufrir, intentar quitarse la vida o simplemente morir, a causa de heridas inconscientes relacionadas con la feminidad.

Ahora veo que es como si la vida me hubiera preparado poco a poco, no sólo por mi experiencia personal sino profesionalmente, para tener la claridad suficiente que me permitiera compartir mis aprendizajes, reflexiones e hipótesis con la genuina intención de que juntos trabajemos por una humanidad renovada, más plena y feliz.


Una feminidad que fui sanando

Esa vocación que se fue formando en mí, desde que era muy niña, partió de una propia sanación de la feminidad, que fui logrando con el paso de los años.

Mi infancia transcurrió como la de cualquier niña de clase media. Jugaba con mis amigos de barrio y amaba estudiar tanto que, sin proponérmelo, llegué a ser la mejor estudiante del colegio. 

Ahora, cuando miro con conciencia y en retrospectiva ese pedazo de mi vida, desde ese entonces ya tenía heridas sutiles a mi feminidad causadas por mi familia –eso lo comprendí muchos años después-. La pista clave de esas heridas era un detalle que, aunque puede parecer pequeño, es en realidad muy significativo, sobre todo en la cultura latina en donde crecí. El detalle era que papá me había obligado a mantener mi cabello muy corto, desde que era bebé y hasta los catorce años. Por eso no en pocas ocasiones, me confundieron con un niño en aquella época. Luego descubriría que secretamente papá quería que yo fuera un hombre -o que tuviera valores muy masculinos-. 

Quizá por ese hecho es que me conmueven las mujeres de la India o de otras culturas, en donde es prácticamente una tragedia el nacimiento de una mujer en la familia.

Sin embargo, yo me rebelé inconscientemente contra los deseos de mi padre y, desde la adolescencia me empecé a maquillar y a pintarme las uñas a escondidas. Simultáneamente, me dejé crecer el cabello y lo he llevado largo hasta ahora.


Pero el cabello corto no fue el que marcó el primer gran giro en mi existencia. 

Ese punto de quiebre, el que encendió mi interés por entender muchas cosas de la vida, fue cuando me enteré de que mi mamá tenía cáncer de útero y que había estado enferma por varios años, sin que yo lo supiera. Esa noticia llegó justo dos meses antes de la muerte de mamá y un poco más de un mes después de mi cumpleaños número 13. 

Mi familia no pudo ocultar más lo que le pasaba a mamá porque ella entró en un estado comatoso -del cual finalmente nunca saldría-. Parece que el cáncer llevaba bastante tiempo de evolución porque todo indica que mamá le ocultó los síntomas toda la familia por varios meses. Luego, cuando la familia se enteró, el tumor estaba muy grande y, poco tiempo después, había hecho metástasis. Así fue que, poco a poco, la salud de mamá se deterioró hasta que murió dos meses después de entrar en coma.

Esos dos meses, y luego la muerte de mamá, fueron eventos que incidieron mucho en mi vida –mucho más de lo que suponía conscientemente por mucho tiempo-. Y al mismo tiempo, se marcó ese primer gran giro en mi vida, que dio paso a una de mis grandes preguntas: ¿por qué mamá, que era una mujer tan llena de fe, con una clara visión emprendedora, con tantas ganas de vivir, se había muerto de cáncer?.

Surgieron también otras preguntas como, por ejemplo, ¿por qué mamá vivió siete años más de lo que pronosticaron los médicos que podría vivir, dado el tamaño del tumor que le hallaron y la larga evolución que había alcanzado la enfermedad?. Mucho tiempo después, confirmaría mi hipótesis de que el fuerte deseo que tenia mamá de ver crecer a sus hijas, le dio las fuerzas para aferrarse a esta vida, superando los pronósticos de sobrevivencia. 

Otra pregunta que me dio vueltas en mi cabeza por un tiempo fue: ¿qué relación tenía la formación del cáncer de útero con la esencia silenciosa y reservada que caracterizaba a mamá?. Más adelante, después de buscar en la religión, de asistir a muchos seminarios, de leer libros con evidencia científica sobre el tema y, finalmente,  luego de mi certificación como terapeuta reiki, descubrí que había una estrecha relación entre cáncer y silencio; así como hay una fuerte relación entre enfermedades o síntomas en el útero y esencia femenina adolorida -o “desdibujada”, como le llamo yo-. 

Para quienes no están familiarizados con esta visión de la salud, en donde todos los seres funcionamos como un gran sistema interconectado entre mente, espíritu, alma y cuerpo, sé que suena algo difícil de comprender o de aceptar, pero la realidad es que un útero con cáncer, es un útero que está llorando desconsoladamente. 

De manera inconsciente, la mujer que tiene su energía femenina lacerada y sin sanar, termina afectando alguna parte de su cuerpo. Comúnmente lo que se afectan son los centros energéticos o los órganos que simbolizan la feminidad. 

El simbolismo del cáncer de útero señala que inconscientemente la mujer decidió anular su creatividad. En este sentido -aunque esto suena difícil de aceptar o comprender para quienes no están familiarizados con la medicina alternativa-, mamá desarrolló una enfermedad que ataca el centro energético más importante de la mujer, afectándolo tan profundamente que la llevó a la muerte. Traduciendo ese simbolismo, se puede decir algo así como que mamá murió del dolor que le causó ser mujer.

Así pues, la enfermedad y muerte de mamá, inspiraron dos cosas en mí, sin que yo fuera consciente de ello. 

La primera de esas cosas fue la gran inclinación por el conocimiento de la medicina alternativa –la medicina que el Dr. Deepak Chopra denomina medicina mente-cuerpo-, y empecé a conocerla desde los años 80´s -el primer libro que leí sobre el tema fue "La enfermedad como camino" en el año 1988-.

La segunda cosa que inspiró, fue una profunda necesidad de autoconocimiento, un camino que emprendí por intuición. De manera inconsciente, al principio busqué no repetir la historia de mamá. Posteriormente, a partir de mi aprendizaje y de mi propia experiencia de vida, quise –y quiero- reivindicar a mi madre y, con ella, a todas las mujeres que han sufrido por ser mujeres.

Ni lo uno, ni lo otro

Los diferentes estereotipos y referentes históricos, culturales, sociales y mediáticos, que han generado las memorias dolorosas y heridas inconscientes en la feminidad, llevaron a que la humanidad adoptara actitudes o posturas que pasan por la sumisión, el domino, la discriminación, el convertir a la mujer en objeto sexual, el machismo y el feminismo. 

En mi opinión, ninguna de estas reacciones o puntos de vista ha demostrado ser la fórmula que logre el equilibrio de la mujer y sanar las heridas ancestrales. Al contrario, han ocasionado nuevas heridas.

Sin embargo respeto todas las posturas, de hecho mi propuesta tiene espacios para la reflexión sobre las diferentes posturas de qué significa ser mujer y qué es la feminidad. Cada mujer saca sus propias conclusiones y decide, con conciencia, dónde se quiere ubicar.

En efecto, lo que se busca en La Magia de Ser Mujer, es el empoderamiento de la mujer, desde una conexión consciente con las energías femenina y masculina en equilibrio. Al final del día, la meta es que la mujer pueda decidir quién quiere seguir siendo y qué decisiones quiere seguir tomando en su vida. 

El único requisito para participar del programa, es que la mujer tenga un enorme deseo de alzar su vuelo, de sacar todo su potencial y de asumir la responsabilidad de su propia existencia, en libertad y autenticidad. 



La magia de ser mujer es un programa para acompañar a la mujer en ese empoderamiento, partiendo de la sanación de su energía femenina, para seguir con el re-pensar de su rol como mujer , el re-conocimiento de su valor en la sociedad y, finalmente, el re-tomar los valores femeninos para el mundo.

Si quieres conocer más información y saber en qué consiste exactamente el programa La Magia de Ser Mujer, te invito a que busques el artículo titulado “Ciclo de Seminarios La Magia de Ser Mujer”, el cual publiqué en este blog el día 30 de Octubre de 2014.


Crédito fotografías: Patricia Benavides, Diego Layos, Emilio Ceballos, Freepik, Google.

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