Este blog es para todas las personas que queremos ser felices, que buscamos vivir mejor, que queremos disfrutar la vida plenamente, en paz y bienestar.

martes, 11 de noviembre de 2014

Ni patanes, ni princesas (1)

En días pasados me encontré con una excompañera de trabajo.  La había visto personalmente un par de veces en estos años. Sabía que se había casado por segunda vez, mucho tiempo después de un matrimonio fallido cuando era casi una adolescente. 

Yo creí que ahora ella era muy feliz. Pero me llevé tremenda sorpresa. Cuando vi su cara comprendí que tal felicidad no era cierta. 

No sé si han percibido alguna vez la tristeza de una persona, tan sólo con mirarla a la cara…eso fue lo que observé en ella. Es como si ella se hubiera marchitado, como si ya no tuviera luz. Por supuesto, se ve envejecida y fea. Muy lamentable porque es una mujer extraordinaria, que apenas hace unos años brillaba por completo y se veía feliz. 

Entonces ¿qué pasó con ella?, ¿por qué esos ojos tristes y esa sonrisa forzada?... Luego de escucharle su historia del segundo matrimonio, comprendí que ella se casó con su “príncipe azul”. O sea que se casó con un hombre que “la salvó de la vida que llevaba”. 

Ahora ella lo tiene todo en el campo material, viaja por todo el mundo y no trabaja porque su esposo le da todas las comodidades que cualquier mujer desearía. Pero no es feliz. Todo lo que su esposo le entrega, tiene un precio. El precio es que ella tiene que satisfacer todos los caprichos a su esposo y se hace sólo lo que él diga. En síntesis, esta mujer lo tiene todo, excepto su libertad. Y perder la libertad de ser, es morir en vida.

Esa historia y otras muchas que he visto, me han mostrado que tenía sentido lo que alguna vez me dijo un psicólogo, quien fue mi profesor de posgrado. Según él, el noventa por ciento de las personas se meten en las relaciones de pareja, desde el inconsciente. Aunque no conozco las estadísticas, sí creo que muchas personas cometen ese error y pueden terminar en relaciones tóxicas, como la de mi excompañera de trabajo.



Relaciones inconscientes

En este artículo quiero hablar de algunas relaciones tóxicas, las que se forman a partir de ideas inconscientes y roles equivocados, de hombres y mujeres.

Si alguien se siente identificado, quiero que sepa que no se trata de juzgar a nadie o de que luego se queden juzgándose a sí mismos. Se trata de tomar conciencia para hacer los ajustes necesarios y vivir una vida más placentera y feliz.

Cuando mi profesor habló de que la gente se mete en relaciones de pareja desde el inconsciente, quiso decir que muchas personas se relacionan afectivamente a ciegas, desde la “sombra” (inconsciente personal). Por lo tanto, terminan comúnmente enredados en relaciones tóxicas, de las cuales muchas veces no salen a pesar del alto precio que pagan.


Si se quisiera encontrar un porqué que explique cómo es posible que la gente se relacione desde el inconsciente, hay que decir que ese hecho se debe a que muchas veces no se realiza un trabajo de autocococimiento.


En efecto, con frecuencia se observa que ese camino de autoconocimiento resulta ser bastante impopular. Tal parece que hay gente que está convencida de que es mucho más fácil vivir sin cuestionarse nada, sin adentrarse para conocer el propio ser, ni resolver las propias sombras. Esta gente no sabe que es totalmente al contrario, que se vive mejor cuando se toma conciencia.

Permanecer en la inconsciencia es mucho más complicado y genera bastantes problemas. Es más, salir de la zona de confort y lograr ver no solamente el árbol, sino todo el bosque, es la única forma de evolucionar como humanos y alcanzar un estado de felicidad sostenida.

Se habla de relaciones inconscientes porque, como ya se ha demostrado en muchos estudios científicos, los seres humanos actúan la mayor parte del tiempo en modo “piloto automático”, es decir, desde el inconsciente. Y eso aplica también para la elección de pareja.

El inconsciente es una parte fundamental de la mente y funciona como un gran almacén de información que se usa en cada decisión o reacción, sin que la persona se entere. El inconsciente se alimenta de muchas cosas, entre ellas de los medios de comunicación, la familia, la sociedad y la cultura. De allí se reciben ideas que construyen y alimentan creencias erróneas sobre cómo relacionarnos en pareja.

Y también está, por supuesto, el sistema educativo, que tiene sus falencias para formar seres auténticos, para forjar la autoestima, para estimular el autoconocimiento y para elevar la conciencia.

De tal manera que tanto “corazón roto” tiene su origen, en muy buena medida, en conceptos inconscientes y equivocados acerca de los roles femeninos y masculinos, los cuales se asentaron en la mente a partir de muchas informaciones de todos lados. Todo esto, al final del día, está relacionado con autoestimas mal cimentadas.

Me voy a referir específicamente a los “patanes” y a las “princesas”. Dos tipos de personas que encajan unos con otras, para formar relaciones de pareja que son bastante tóxicas. Estas relaciones laceran, aún más, las lánguidas autoestimas de estas personas. Quise etiquetarlos con esos nombres para que podamos identificarlos fácilmente.

Esperen este jueves, 13 de noviembre, la segunda parte de: Ni patanes ni princesas.

Crédito fotografías: Diego Layos, Emilio Ceballos, Freepik.

No hay comentarios:

Publicar un comentario