Este blog es para todas las personas que queremos ser felices, que buscamos vivir mejor, que queremos disfrutar la vida plenamente, en paz y bienestar.

martes, 14 de noviembre de 2017

El poder de la empatìa

La empatía es la base de la construcción de confianza con el otro y, por tanto, es uno de los pilares de nuestras relaciones.

Con los afanes de la vida cotidiana, comúnmente nos olvidamos de que nuestra vida se enriquece en la medida en que desarrollamos relaciones armoniosas con los demás seres humanos y con nuestro entorno.

La empatía nos ayuda a establecer relaciones saludables tanto en la vida personal como en la vida laboral, ayudando a que nuestros niveles de estrés bajen, nuestras tareas diarias fluyan más fácilmente y nos llenemos de posibilidades de aprendizaje de doble vía.

Podemos convertir cada encuentro con el otro en una oportunidad de acercarnos a nuevas perspectivas para ampliar nuestro conocimiento y crecer como humanos.

Curiosamente, quizá porque el ego se nos atraviesa en el camino o porque no le damos importancia a conocernos a nosotros mismos, es común que nos cueste bastante desarrollar la empatía.

¿Qué es la empatía?

Se ha dicho que la empatía es la capacidad de sentir lo que siente el otro y es la destreza para ponernos en sus zapatos.

En realidad, como lo indica el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, empatía es “la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos”.

Así pues, la empatía se refiere más a aprender a ver con los ojos del corazón, sin pasarnos a la sensiblería, sino viendo al otro como nuestro par, como un ser semejante a nosotros, que tiene la misma dignidad humana.

De este modo, la persona que desarrolla la empatía logra comprender al otro sin juzgarlo, es decir, ve al otro en su contexto y logra traspasar la barrera de la apariencia para ver el alma que hay detrás de las máscaras o las posturas de autoprotección del otro.

Tips que nos ayudan a desarrollar la empatía



La persona empática se convierte en una persona confiable para el otro, de ahí la relevancia de desarrollar la empatía.

En general, las personas con una capacidad de empatía alta han hecho un camino de autoconocimiento importante, aprendieron a gestionar sus emociones, se conectan con su intuición, son auténticas y toman decisiones desde un marco de autonomía y libertad.







A continuación, unos tips para promover conversaciones con empatía:
1.    Liberarnos de prejuicios o juicios de valor, que inconscientemente nos llevan a catalogar a las personas o a descartar a los demás.
2.    Desarrollar una mente abierta, que pueda comprender formas diferentes de ver la vida, sin tener que estar necesariamente de acuerdo con ellas.
3.    Tener espacios para el autoconocimiento, en particular para tener conciencia de nuestras emociones y gestionarlas acertadamente.
4.    Soltar todo lo que nos impida ser nosotros mismos, de manera que podamos actuar con autenticidad.

5.    Aprender a conectarnos con la energía del interlocutor, sin involucrarnos en sus emociones.


Poniendo en práctica estos tips, nos disponemos a ser más empáticos, de manera que paulatinamente nuestras relaciones con los demás serán más enriquecedoras y nos traerán mayores satisfacciones.

Video recomendado: Empatía




Imágenes: pixabay

lunes, 23 de octubre de 2017

¿Cómo desarrollar la capacidad de escuchar?

Como lo prometí en entradas anteriores, quiero compartir sobre las habilidades de comunicación. Hace poco escribí sobre la asertividad y hoy quiero compartirles sobre la habilidad de escuchar.

Cuando empecé a entrenarme en habilidades de comunicación a comienzos de los años 90`s, comúnmente escuchaba a mis maestros que decían que no es casualidad que tengamos dos orejas y solo una boca.

Han pasado más de dos décadas y he visto que tenían razón. En estricta correlación con la anatomía humana, escuchar es doblemente más relevante que hablar. Sin embargo, es común la falta de escucha, a pesar de que escuchar es un punto crítico de la mayoría de los procesos de comunicación.

Si queremos lograr mayor efectividad de la comunicación, aprender a escuchar es parte de esas habilidades que requerimos.

Es más, cuando aprendemos a escuchar nos convertimos en personas más cercana a los demás e incluso más confiables.

Escuchar es todo un arte que nos llevará a compartir con los demás su propio mundo.

Los niveles de escucha

En efecto, la escucha es aquella actitud que nos permite diferentes niveles de poner atención al mensaje que nos llega por el sentido auditivo desde nuestro interlocutor.

Podemos tan solo oír lo que nos dicen, o ir mucho más allá de escuchar con los oídos para escuchar con el alma y el corazón, tratando de comprender además del mensaje, también los sentimientos del interlocutor.

La capacidad de escucha está relacionada con las otras habilidades de comunicación. Por tanto, al aprender a escuchar, podemos impulsar el desarrollo de la empatía y de la asertividad.

De otro lado, la capacidad de escucha aumenta en la medida en que nos conocemos a nosotros mismos. Así pues, cuanto más avanzamos en el autoconocimiento, mayor facilidad tendremos de elevar el nivel de escucha hasta llegar a la excelencia que supone ponernos en el lugar del otro para comprender desde qué lugar nos habla.

Tips para desarrollar la escucha

Algunas recomendaciones para desarrollar la escucha son:

      1.  Controlar los impulsos que nos incitan a interrumpir al interlocutor.
      2.  Tomar notas de lo que nos van diciendo.
3    3. Reflexionar sobre lo que hemos escuchado.
4    4.  Eliminar los juicios y prejuicios, para evitar ruido interno mientras nos hablan.
5    5. Validar lo que escuchamos con gestos o con palabras.



Video recomendado:





Fotografias: Freepik

lunes, 25 de septiembre de 2017

El amor como modo de relación

Aprovechando el mes del amor y la amistad en Colombia, la semana anterior me invitaron a otra ciudad para hacer un conversatorio sobre el amor como modo de relación. Fue una experiencia muy gratificante para todos y hoy quiero compartirles algunas ideas del amor desde esa visión que conjuga mi propia mirada de la vida con los fundamentos filosóficos y de otros ámbitos del conocimiento, que complementan mi modo de pensar. 
Particularmente, en los últimos meses, la concepción cosmoteándrica de los carmelitas.

Quienes han leído mi blog o han seguido mis redes sociales, saben que la concepción que tengo del amor está relacionada con nuestra propia naturaleza humana.

En este sentido, el amor es nuestro más auténtico lenguaje, a la vez que nuestra más profunda necesidad como humanos en un mundo que está en crisis de lo humano.

Los beneficios de amar

Estudios científicos muestran cómo el amor y el afecto, son fundamentales para garantizar la sobrevivencia.

Por ejemplo, recuerdo hace años un estudio de unos bebés en la sala de neonatos. Observaron que algunos tenían menos días de estancia y otros tenían más días de estancia y más dificultad para mejorar. Notaron que los que se recuperaban más pronto y salían más rápido, eran los que estaban en las camas por donde circulaban las enfermeras con mayor frecuencia. A su paso, las enfermeras saludaban a los bebés y expresaban su afecto a ellos.

Hay otros estudios mucho más recientes que muestran cómo la energía cambia en las personas cuando están en lo que llamo “modo amor”, es decir cuando nos conectamos con la compasión, la gratitud o el perdón.

Esos estudios evidencian que el amor ocasiona una sensación de bienestar en el cuerpo debido a que el organismo segrega automáticamente unos neurotransmisores que benefician la salud y bajan los niveles de estrés.

Así pues, aunque tengamos un mundo que nos ha enseñado que el miedo es el mejor modo de relación porque nos permite dominar unos a otros, sabemos que no es cierto.

De hecho, sabemos por Albert Einstein, uno de los más importantes científicos de la historia, que el amor es la fuerza más poderosa de todo el universo.

“Hay una fuerza extremadamente poderosa para la que hasta ahora la ciencia no ha encontrado una explicación formal. Es una fuerza que incluye y gobierna a todas las otras, y que incluso está detrás de cualquier fenómeno que opera en el universo y aún no haya sido identificado por nosotros. Esta fuerza universal es el amor”, dijo Einstein.

Adicionalmente, sabemos que el odio, el miedo y la angustia suben el nivel de estrés y definitivamente no nos traen ni paz interior, ni salud mental y ni física.

Amar es el mejor modo de vivir

Cuando caminamos por la vida avanzando en la evolución propia, comprometidos con sanar las heridas del alma y abriendo nuestro corazón al amor, nos damos cuenta de que nuestra energía se expande como lo advierten los científicos expertos en física y en cuántica.

Y no estamos hablando del amor romántico que además se confundió comúnmente con sufrimiento y dolor.

Estamos mencionando el amor por todo. El amor por la vida, el amor por el trabajo, el amor por los animales, el amor por la naturaleza, el amor a todo. El amor que comienza con una sana autoestima.

Vale la pena decir que vivir en modo amor no significa volvernos permisivos o pasarnos a la sensiblería. Amor también conlleva poner límites y ser firmes cuando debemos serlo.

Vivir en modo amor equivale a comenzar por encontrar la belleza en todo, que nos permita apreciar lo agradable de cada persona o situación.

Vivir en modo amor significa aprender que la vida es como una onda inmensa de eco, en donde intercambiamos con todo y con todos nuestra propia energía. Eso implica que, si damos amor, recibiremos amor, porque el eco nos traerá lo que demos. 

Película recomendada




Esta es una película basada en una historia real, que nos muestra la conexión del amor incondicional de un animal y un ser humano.

Nota: Hago público mi agradecimiento al Padre Hernando Uribe Carvajal, de la comunidad de los carmelitas, por haberme introducido al concepto de cultura cosmoteándrica. Algo en lo que creo completamente. 

Fotografías: Freepik y Pixabay

miércoles, 16 de agosto de 2017

El arte de comunicar con asertividad

Un eje central de la vida de cualquier ser humano es la relación que despliega consigo mismo y con los demás.

A su vez, la calidad de estas relaciones está marcada por dos condiciones. La primera condición es el autoconocimiento profundo, el cual lleva a la comprensión de la amplia dimensión humana y entrega una visión integral de la vida. La segunda condición es el desarrollo de las competencias de comunicación que apoyan la generación de diálogos auténticos y la construcción de confianza con los demás.

En esta entrada quiero compartir algunos fundamentos de la asertividad, que es una de las competencias de comunicación más importantes.  En próximas entradas abordaré otras competencias del ser que son fundamentales para lograr el éxito en todos los procesos de comunicación que realicemos.

La asertividad está ligada a la autoestima

Muchas veces se habla de la palabra asertividad sin saber exactamente qué significa. La asertividad es la habilidad de comunicación (o competencia comunicacional) que nos permite decir lo que pensamos, sentimos o necesitamos, sinceramente, sin tener que agredir al otro o permitir ser agredido por el otro.

Así pues, las personas asertivas expresan sus ideas al interlocutor adecuado, usando las palabras pertinentes y aprovechando el momento justo.

Asertividad implica ubicarnos en el mundo con los pies en la tierra, sin acorazarnos con el ego la victimización ni tampoco con el ego de la superioridad. De esta forma, expresamos claramente los planteamientos propios, en armonía interior, sin enlodar la conversación con emociones como la culpa, la ira, el miedo, el sentimiento de lástima hacia si mismo o la subvaloración del otro.

Esto significa que quien es asertivo, participa y crea diálogos desde la autoconfianza y la autoafirmación. De hecho, la persona que actúa con asertividad, se siente mejor con ella misma, mientras que valora a los demás y hace que la construcción de confianza sea más sencilla.

¿Cómo saber si somos asertivos?


Comprendemos entonces que la habilidad de ser asertivos está directamente relacionada con la capacidad que hemos alcanzado para reconocernos a nosotros mismos y, en consecuencia, para valorarnos, respetarnos y tener fe en quienes somos, de manera que nos hacemos respetar con amor.

En un sentido práctico, la mejor forma de darnos cuenta de qué tan desarrollada tenemos la habilidad de ser asertivos es a partir de la autoconciencia en cada conversación, antes, durante y después.

Básicamente, en el momento del diálogo, la asertividad se puede evidenciar a partir del tono de la voz usado, la postura corporal adoptada, la forma en que se establece el contacto visual, la manera en que se estructuran las frases y la velocidad a la hora de hablar.

Sin embargo, hay una forma más profunda de saber si somos asertivos o no. Es mediante el reconocimiento de nuestros propios sentimientos antes y después del proceso de comunicación. Las emociones que brotan son señales claras que nos muestran si fuimos asertivos o si existe alguna brecha o desfase.

Esto quiere decir que, si queremos volvernos asertivos, podemos comenzar con un hábito sencillo que consiste en observarnos y ver las emociones que aparecen al terminar una conversación o un proceso de comunicación. Si nos sentimos con culpa o con rabia, con sentimiento de superioridad o con sentimiento de inferioridad, se nos evidencia la falta de asertividad, bien sea porque en su lugar adoptamos la sumisión o porque adoptamos la agresividad.

Por el contrario, cuando somos asertivos, quedan sentimientos de paz, libertad y una sensación de ser auténticos. Estos sentimientos aparecen porque la asertividad estuvo presente y actuamos en la línea del respeto mutuo, por tanto nos sentimos autovalorados.

Naturalmente, con una sociedad que poco ha promovido la autoconciencia o el camino del autoconocimiento, es común que a las personas les parezca difícil el desarrollo de la asertividad. Esto lo percibo sobre todo en los seminarios que dicto y en las conferencias. Sin embargo, es como todo, basta con empezar y, paso a paso, adquirimos la habilidad de observarnos y realizar los ajustes que se requieren para ser asertivos.


Entre más asertividad promovamos en nosotros y en los demás, más pacíficas y satisfactorias serán nuestras relaciones, por tanto más felicidad estaremos recogiendo al final del día. 

Video: ¿Eres asertivo?





Fotografías: Freepik y Pixabay

lunes, 10 de julio de 2017

Perdonar es un buen negocio

Perdonar es uno de los actos más nobles y que más enaltece nuestra esencia humana. Sin embargo, nos cuesta mucho hacerlo. Esa dificultad radica en algo que suena paradójico y absurdo, pero es real. 

Parece que no pocas veces, consciente o inconscientemente, preferimos aferrarnos al sufrimiento y al ego de víctimas, en lugar de soltar para elevar la frecuencia vibratoria que nos lleve a otras realidades de gozo y plenitud.

Hace un tiempo escuchaba a una consultante decir “yo no quiero perdonar”, refiriéndose a un antiguo compañero de trabajo que le causó enormes problemas laborales. También he sabido de personas que dicen “yo perdono, pero no olvido”, con un acento que deja entrever un íntimo deseo de venganza.

Entiendo a estas personas. Como mencioné, no es fácil perdonar, especialmente cuando se trata de experiencias altamente dolorosas. No obstante, es importante comprender que perdonar trae muchos beneficios y que no se trata de olvidar las ofensas, sino de resignificar las experiencias y guardarlas en la mente de otra manera.

Al respecto conviene recordar lo que dice el escritor Gonzalo Gallo, autor de La magia del perdón, "perdonar significa recordar sin dolor".

Video: El perdón




De acuerdo con este autor y con otros tantos, el perdón es como un regalo, un don que otorgamos libremente. Es algo que damos porque nos nace, porque tomamos la decisión de hacerlo.

Naturalmente, dado que perdonar es también un proceso, necesita tiempo y requiere un trabajo interior para soltar y limpiarnos. Así pues, perdonar no ocurre al azar, es un camino que una vez que lo elegimos, lo recorremos con toda la entereza y la disposición.

Cuando me preguntan sobre el perdón en los seminarios o en consulta, explico que perdonar es como aprender a montar en bicicleta. Para lograrlo, nos montamos y pedaleamos. Sin darnos cuenta, en algún punto de no retorno, nuestra bicicleta se moverá hacia adelante sin mucho esfuerzo, solo con el pedaleo suave y rítmico que hacemos. De la misma manera, para perdonar partimos de una genuina intención, continuamos con una práctica diaria que se convierte en hábito y un día, sin darnos cuenta, cuando menos lo pensemos, lograremos recordar sin dolor. Es decir, habremos perdonado.

Quienes hemos vivido la experiencia del perdón, podemos dar testimonio de los múltiples beneficios que trae perdonar.

A quienes tal vez están aferrados al pasado o a las ofensas dolorosas, les podemos decir con certeza que vale la pena intentar el camino del perdón, incluso si solo fuera por negocio. Porque es un hecho que perdonar es un buen negocio si consideramos que ayuda a bajar los niveles de estrés y tiene un impacto directo en la salud de quien entrega el perdón.

De hecho, un dato importante es que la mayoría de las personas necesitamos perdonar a nuestros padres y a nosotros mismos por los errores del pasado.

Beneficios de perdonar

Perdonar es beneficioso a todo nivel, tanto mental como emocional, espiritual y físico.

En general, el perdón nos trae bienestar y nos libera energéticamente del sufrimiento. Claramente quien se queda en el rencor o el resentimiento, está condenado a enfocar su mente y su energía vital en alimentar emociones asociadas a deseos de venganza y a bajos instintos que traerán indefectiblemente una carga de estrés más alta.

Por el contrario, al perdonar, se genera una sensación de liviandad que coincide con una liberación de la energía que nos ataba al pasado, entonces se crea un nuevo ciclo en donde el elevamiento de la vibración que producimos en nuestro cuerpo permite ir al encuentro de nuevas experiencias y nuevos proyectos donde fluiremos con más armonía y plenitud.

El perdón trae emociones de paz interior y de alegría que están asociadas a la producción de ciertas sustancias que segrega nuestro cerebro, las cuales nos ayudan a tener una sensación de bienestar y contribuyen a la preservación de la salud.

Adicionalmente, al dejar de desperdiciar energía hacia afuera, en odio o resentimiento hacia otras personas, la tenemos disponible para ir por nuestras metas y desarrollar todo nuestro potencial creativo. De paso, se liberan viejas creencias inoficiosas y se crean nuevos pensamientos que nos ayudan a construir una vida más llena de gozo.


Si quieres tener estos beneficios, toma la decisión de perdonar, nunca es tarde para dar el perdón y quitarte unos cuantos ladrillos de tu espalda.

Perdonar es una senda que nos conduce a la generosidad, el amor verdadero y la paz interior.

Video recomendado: El Ho’ponopono




El ho'ponopono es un sistema de autocuración, originario de los pueblos antiguos de Hawai, que nos permite conectarnos con la vibración de perdón. 

Libro recomendado:






En “La magia del perdón” del autor Gonzalo Gallo, se encuentran ideas, testimonios para comprender el perdón, así como dinámicas de relajación. 







Fotografías: Pixabay

lunes, 26 de junio de 2017

La magia del eterno presente (o el menor estrés)

Mucho se nos ha explicado lo que significa aprender a vivir en el presente, sin embargo, nos hemos acostumbrado a vivir en el pasado o en el futuro, de modo que nos cuesta mucho apreciar y disfrutar el eterno presente.

De un lado, nos obsesionamos con el futuro, quizá por el exceso de información que nos permite hacer análisis de probabilidades de lo que pasará o no pasará en el futuro; o tal vez porque estamos en este mundo humano donde medimos el tiempo, olvidando que el universo es atemporal.

De otro lado, nos apegamos al pasado, a lo mejor por algún rencor no sanado o por alguna herida del ego que nos negamos a soltar; o posiblemente porque tenemos miedo a avanzar hacia nuevas experiencias.

El asunto es que el hecho de que no aprendamos a descubrir la magia del eterno presente nos lleva a desperdiciar mucha energía vital en pensamientos inoficiosos que nos sacan de nuestro centro y bloquean nuestro poder creativo.

Esto se debe a que, al vivir en el pasado, posibilitamos emociones como la culpabilidad; mientras que, al vivir en el futuro, promovemos la sensación de preocupación.

De hecho, no aprender a vivir el presente, es una forma segura para acumular estrés, afectando todo nuestro organismo con las sustancias que segregamos en ese estado, como son el cortisol y la adrenalina.

Así que tan solo si lo hiciéramos por salud, nos conviene aprender a vivir en el presente, para promover la segregación de sustancias como la oxitocina o la dopamina.

Aunque existen otros beneficios de entrenarnos para vivir el presente como el hecho de que eliminamos cargas de nuestra vida, nos conectamos con la paz interior y agregamos mayor fluidez al camino de la materialización de nuestros sueños. Y es precisamente allí donde podemos evidenciar la magia de vivir en el eterno presente, que es uno de los retos más importantes como humanos.

Ideas para descubrir la magia del eterno presente

Existen varias formas en las que podemos enfocarnos en el presente y entrenarnos para vivirlo cada vez con más frecuencia.

En mi experiencia, he podido conocer los beneficios del reiki, una terapia que aprendí hace unos seis años y que me permite tratar al ser humano en forma holística, a partir de la energía universal que armoniza mente, cuerpo y espíritu. 

Igualmente uso la danza como una técnica maravillosa para conectarme con el aquí y el ahora.

Otras técnicas que uso son la meditación y el ho’ponopono, que complemento con actividades como bordar, pintar, cocinar y caminar en medio de la naturaleza.






Video: Tècnica de Ho'ponopono





Lo importante es descubrir cuáles son las técnicas que mejor se acomodan a nuestra forma de pensar y al tiempo del que disponemos.


Sacar diez o quince minutos diarios para conectarnos con el aquí y el ahora, trae beneficios acumulables en el largo plazo, facilitando nuestro bienestar a todo nivel y ayudándonos al encuentro de nuestra felicidad.

Libro recomendado:



























Fotografías: Pixabay

Video: Canal de Lucía Uo, en la voz de Susana Majul.

lunes, 5 de junio de 2017

Nuestro insignificante ego y sus aparentes apariencias

A pesar de que muchos de nosotros nos reíamos de nuestras abuelas cuando daban señales de su preocupación por el qué dirán, lo cierto es que como sociedad no hemos avanzado mucho para soltar esas prácticas y seguimos replicando la misma historia.


Más aún, ya la preocupación no es solo por el qué dirán, sino también por el número de likes que se reciben en las publicaciones de las redes sociales y por la cantidad de seguidores que se acumulan, como si esos fueran indicadores para demostrar qué tan importantes somos o cuánto poder hemos alcanzado (o como si efectivamente alguno de nosotros pudiera ser superior a los demás, cuando en realidad somos seres humanos en igualdad de capacidades y condiciones en esencia).

Me pregunto, cuántos de nosotros hemos desperdiciado la vida entera o gran parte de ella en buscar aprobación afuera o en mirar qué hacen y dicen los demás.

Recuerdo por ejemplo alguna vez, a una ejecutiva que al ver que su jefe compró un carro nuevo, ella llegó a la semana siguiente estrenando un carro igual. También se me cruza por la mente la historia de una mujer que anduvo por años mirando detrás de las cortinas a ver qué hacía su vecino de la casa del frente. Y así, son muchas las historias, cada quien conocerá otras tantas.

Y lo cierto es que nadie tiene la vida comprada. Nunca sabemos cuándo será el último minuto en este plano y realmente es un desperdicio usar el “cupo” en la humanidad, parafraseando a una maestra reiki, para simplemente pasarnos con los ojos puestos afuera, sin hacernos cargo de nuestro proyecto de vida y sin cimentar nuestra propia felicidad.

Los juicios, los prejuicios, el qué dirán, la apariencia, las mentiras y las máscaras sirven para jugar al juego social del poder imaginario que hemos creado como humanos y para sentirnos más importantes que los demás, pero como son creaciones del ego, inevitablemente nos impiden vivir en autenticidad y en plena libertad de ser nosotros mismos.

De hecho, al meternos en la cárcel del ego, se elimina casi toda posibilidad de desarrollar todo nuestro potencial creativo.

Como dice Ekhart Tolle, “algunas personas disfrutan períodos de libertad, por cortos que sean, y la paz, la alegría y el gusto por la vida que experimentan en esos momentos hacen que valga la pena vivir. Son también los momentos en los cuales aflora la creatividad, el amor y la compasión. Otras personas permanecen atrapadas en el estado egoísta. Viven separadas de si mismas, de los demás y del mundo que las rodea. Reflejan tensión en el rostro, en su ceño fruncido, o en la expresión ausente o fija en su mirada. El pensamiento absorbe la mayor parte de su atención, de tal manera que no ven ni oyen realmente a los demás”.

Es una verdadera lástima que caigamos en la trampa de darle valor a lo que no lo tiene y es absurdo que creamos que nuestro insignificante ego puede suplir toda la maravillosa plenitud de una vida abundante en conexión con nuestro ser íntimo y sagrado.

En estos tiempos en que he tenido de cerca la muerte nuevamente, a través de dos experiencias de personas cercanas que se fueron de este plano de forma sorpresiva e instantánea, me pregunto si seremos conscientes de que cada minuto cuenta para cumplir ese compromiso ineludible con la existencia.


De nada sirve acumular cosas, si en el cementerio nadie se acuerda de nosotros porque no dejamos ninguna huella ni aportamos nada al mundo.

Libro recomendado:


Fotografias: Freepik y Google.