Este blog es para todas las personas que queremos ser felices, que buscamos vivir mejor, que queremos disfrutar la vida plenamente, en paz y bienestar.

lunes, 10 de julio de 2017

Perdonar es un buen negocio

Perdonar es uno de los actos más nobles y que más enaltece nuestra esencia humana. Sin embargo, nos cuesta mucho hacerlo. Esa dificultad radica en algo que suena paradójico y absurdo, pero es real. 

Parece que no pocas veces, consciente o inconscientemente, preferimos aferrarnos al sufrimiento y al ego de víctimas, en lugar de soltar para elevar la frecuencia vibratoria que nos lleve a otras realidades de gozo y plenitud.

Hace un tiempo escuchaba a una consultante decir “yo no quiero perdonar”, refiriéndose a un antiguo compañero de trabajo que le causó enormes problemas laborales. También he sabido de personas que dicen “yo perdono, pero no olvido”, con un acento que deja entrever un íntimo deseo de venganza.

Entiendo a estas personas. Como mencioné, no es fácil perdonar, especialmente cuando se trata de experiencias altamente dolorosas. No obstante, es importante comprender que perdonar trae muchos beneficios y que no se trata de olvidar las ofensas, sino de resignificar las experiencias y guardarlas en la mente de otra manera.

Al respecto conviene recordar lo que dice el escritor Gonzalo Gallo, autor de La magia del perdón, "perdonar significa recordar sin dolor".

Video: El perdón




De acuerdo con este autor y con otros tantos, el perdón es como un regalo, un don que otorgamos libremente. Es algo que damos porque nos nace, porque tomamos la decisión de hacerlo.

Naturalmente, dado que perdonar es también un proceso, necesita tiempo y requiere un trabajo interior para soltar y limpiarnos. Así pues, perdonar no ocurre al azar, es un camino que una vez que lo elegimos, lo recorremos con toda la entereza y la disposición.

Cuando me preguntan sobre el perdón en los seminarios o en consulta, explico que perdonar es como aprender a montar en bicicleta. Para lograrlo, nos montamos y pedaleamos. Sin darnos cuenta, en algún punto de no retorno, nuestra bicicleta se moverá hacia adelante sin mucho esfuerzo, solo con el pedaleo suave y rítmico que hacemos. De la misma manera, para perdonar partimos de una genuina intención, continuamos con una práctica diaria que se convierte en hábito y un día, sin darnos cuenta, cuando menos lo pensemos, lograremos recordar sin dolor. Es decir, habremos perdonado.

Quienes hemos vivido la experiencia del perdón, podemos dar testimonio de los múltiples beneficios que trae perdonar.

A quienes tal vez están aferrados al pasado o a las ofensas dolorosas, les podemos decir con certeza que vale la pena intentar el camino del perdón, incluso si solo fuera por negocio. Porque es un hecho que perdonar es un buen negocio si consideramos que ayuda a bajar los niveles de estrés y tiene un impacto directo en la salud de quien entrega el perdón.

De hecho, un dato importante es que la mayoría de las personas necesitamos perdonar a nuestros padres y a nosotros mismos por los errores del pasado.

Beneficios de perdonar

Perdonar es beneficioso a todo nivel, tanto mental como emocional, espiritual y físico.

En general, el perdón nos trae bienestar y nos libera energéticamente del sufrimiento. Claramente quien se queda en el rencor o el resentimiento, está condenado a enfocar su mente y su energía vital en alimentar emociones asociadas a deseos de venganza y a bajos instintos que traerán indefectiblemente una carga de estrés más alta.

Por el contrario, al perdonar, se genera una sensación de liviandad que coincide con una liberación de la energía que nos ataba al pasado, entonces se crea un nuevo ciclo en donde el elevamiento de la vibración que producimos en nuestro cuerpo permite ir al encuentro de nuevas experiencias y nuevos proyectos donde fluiremos con más armonía y plenitud.

El perdón trae emociones de paz interior y de alegría que están asociadas a la producción de ciertas sustancias que segrega nuestro cerebro, las cuales nos ayudan a tener una sensación de bienestar y contribuyen a la preservación de la salud.

Adicionalmente, al dejar de desperdiciar energía hacia afuera, en odio o resentimiento hacia otras personas, la tenemos disponible para ir por nuestras metas y desarrollar todo nuestro potencial creativo. De paso, se liberan viejas creencias inoficiosas y se crean nuevos pensamientos que nos ayudan a construir una vida más llena de gozo.


Si quieres tener estos beneficios, toma la decisión de perdonar, nunca es tarde para dar el perdón y quitarte unos cuantos ladrillos de tu espalda.

Perdonar es una senda que nos conduce a la generosidad, el amor verdadero y la paz interior.

Video recomendado: El Ho’ponopono




El ho'ponopono es un sistema de autocuración, originario de los pueblos antiguos de Hawai, que nos permite conectarnos con la vibración de perdón. 

Libro recomendado:






En “La magia del perdón” del autor Gonzalo Gallo, se encuentran ideas, testimonios para comprender el perdón, así como dinámicas de relajación. 







Fotografías: Pixabay

lunes, 26 de junio de 2017

La magia del eterno presente (o el menor estrés)

Mucho se nos ha explicado lo que significa aprender a vivir en el presente, sin embargo, nos hemos acostumbrado a vivir en el pasado o en el futuro, de modo que nos cuesta mucho apreciar y disfrutar el eterno presente.

De un lado, nos obsesionamos con el futuro, quizá por el exceso de información que nos permite hacer análisis de probabilidades de lo que pasará o no pasará en el futuro; o tal vez porque estamos en este mundo humano donde medimos el tiempo, olvidando que el universo es atemporal.

De otro lado, nos apegamos al pasado, a lo mejor por algún rencor no sanado o por alguna herida del ego que nos negamos a soltar; o posiblemente porque tenemos miedo a avanzar hacia nuevas experiencias.

El asunto es que el hecho de que no aprendamos a descubrir la magia del eterno presente nos lleva a desperdiciar mucha energía vital en pensamientos inoficiosos que nos sacan de nuestro centro y bloquean nuestro poder creativo.

Esto se debe a que, al vivir en el pasado, posibilitamos emociones como la culpabilidad; mientras que, al vivir en el futuro, promovemos la sensación de preocupación.

De hecho, no aprender a vivir el presente, es una forma segura para acumular estrés, afectando todo nuestro organismo con las sustancias que segregamos en ese estado, como son el cortisol y la adrenalina.

Así que tan solo si lo hiciéramos por salud, nos conviene aprender a vivir en el presente, para promover la segregación de sustancias como la oxitocina o la dopamina.

Aunque existen otros beneficios de entrenarnos para vivir el presente como el hecho de que eliminamos cargas de nuestra vida, nos conectamos con la paz interior y agregamos mayor fluidez al camino de la materialización de nuestros sueños. Y es precisamente allí donde podemos evidenciar la magia de vivir en el eterno presente, que es uno de los retos más importantes como humanos.

Ideas para descubrir la magia del eterno presente

Existen varias formas en las que podemos enfocarnos en el presente y entrenarnos para vivirlo cada vez con más frecuencia.

En mi experiencia, he podido conocer los beneficios del reiki, una terapia que aprendí hace unos seis años y que me permite tratar al ser humano en forma holística, a partir de la energía universal que armoniza mente, cuerpo y espíritu. 

Igualmente uso la danza como una técnica maravillosa para conectarme con el aquí y el ahora.

Otras técnicas que uso son la meditación y el ho’ponopono, que complemento con actividades como bordar, pintar, cocinar y caminar en medio de la naturaleza.






Video: Tècnica de Ho'ponopono





Lo importante es descubrir cuáles son las técnicas que mejor se acomodan a nuestra forma de pensar y al tiempo del que disponemos.


Sacar diez o quince minutos diarios para conectarnos con el aquí y el ahora, trae beneficios acumulables en el largo plazo, facilitando nuestro bienestar a todo nivel y ayudándonos al encuentro de nuestra felicidad.

Libro recomendado:



























Fotografías: Pixabay

Video: Canal de Lucía Uo, en la voz de Susana Majul.

lunes, 5 de junio de 2017

Nuestro insignificante ego y sus aparentes apariencias

A pesar de que muchos de nosotros nos reíamos de nuestras abuelas cuando daban señales de su preocupación por el qué dirán, lo cierto es que como sociedad no hemos avanzado mucho para soltar esas prácticas y seguimos replicando la misma historia.


Más aún, ya la preocupación no es solo por el qué dirán, sino también por el número de likes que se reciben en las publicaciones de las redes sociales y por la cantidad de seguidores que se acumulan, como si esos fueran indicadores para demostrar qué tan importantes somos o cuánto poder hemos alcanzado (o como si efectivamente alguno de nosotros pudiera ser superior a los demás, cuando en realidad somos seres humanos en igualdad de capacidades y condiciones en esencia).

Me pregunto, cuántos de nosotros hemos desperdiciado la vida entera o gran parte de ella en buscar aprobación afuera o en mirar qué hacen y dicen los demás.

Recuerdo por ejemplo alguna vez, a una ejecutiva que al ver que su jefe compró un carro nuevo, ella llegó a la semana siguiente estrenando un carro igual. También se me cruza por la mente la historia de una mujer que anduvo por años mirando detrás de las cortinas a ver qué hacía su vecino de la casa del frente. Y así, son muchas las historias, cada quien conocerá otras tantas.

Y lo cierto es que nadie tiene la vida comprada. Nunca sabemos cuándo será el último minuto en este plano y realmente es un desperdicio usar el “cupo” en la humanidad, parafraseando a una maestra reiki, para simplemente pasarnos con los ojos puestos afuera, sin hacernos cargo de nuestro proyecto de vida y sin cimentar nuestra propia felicidad.

Los juicios, los prejuicios, el qué dirán, la apariencia, las mentiras y las máscaras sirven para jugar al juego social del poder imaginario que hemos creado como humanos y para sentirnos más importantes que los demás, pero como son creaciones del ego, inevitablemente nos impiden vivir en autenticidad y en plena libertad de ser nosotros mismos.

De hecho, al meternos en la cárcel del ego, se elimina casi toda posibilidad de desarrollar todo nuestro potencial creativo.

Como dice Ekhart Tolle, “algunas personas disfrutan períodos de libertad, por cortos que sean, y la paz, la alegría y el gusto por la vida que experimentan en esos momentos hacen que valga la pena vivir. Son también los momentos en los cuales aflora la creatividad, el amor y la compasión. Otras personas permanecen atrapadas en el estado egoísta. Viven separadas de si mismas, de los demás y del mundo que las rodea. Reflejan tensión en el rostro, en su ceño fruncido, o en la expresión ausente o fija en su mirada. El pensamiento absorbe la mayor parte de su atención, de tal manera que no ven ni oyen realmente a los demás”.

Es una verdadera lástima que caigamos en la trampa de darle valor a lo que no lo tiene y es absurdo que creamos que nuestro insignificante ego puede suplir toda la maravillosa plenitud de una vida abundante en conexión con nuestro ser íntimo y sagrado.

En estos tiempos en que he tenido de cerca la muerte nuevamente, a través de dos experiencias de personas cercanas que se fueron de este plano de forma sorpresiva e instantánea, me pregunto si seremos conscientes de que cada minuto cuenta para cumplir ese compromiso ineludible con la existencia.


De nada sirve acumular cosas, si en el cementerio nadie se acuerda de nosotros porque no dejamos ninguna huella ni aportamos nada al mundo.

Libro recomendado:


Fotografias: Freepik y Google.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Otras perspectivas del fracaso

Cuando publiqué mi anterior entrada con algunos puntos de vista sobre el fracaso, prometí regresar con otras perspectivas que complementan la visión. Acá estoy para hacer honor a esa promesa, y de paso, regreso a este espacio para compartir nuevamente.

Tal como lo mencioné en aquel escrito, siento que es importante desmitificar el fracaso. En este sentido, quiero agregar que el fracaso será cada vez menos temible por dos motivos.

Un primer motivo es por la época que vivimos. Me explico. A nivel empresarial, atrás quedó la era del conocimiento y hemos entrado en esta era maravillosa de la innovación, que nos obliga a tener una mente abierta, a soñar, a  dar vida a las ideas y, literalmente, nos invita a fracasar para aprender, con una actitud de humildad y de apertura. 

El segundo motivo, es que estamos evolucionando como humanos, estamos elevando nuestro nivel de conciencia y simultáneamente estamos soltando prejuicios, estereotipos, creencias y todo lo que no nos deja vivir de forma auténtica.

Para rematar, estamos en presencia de los millennials, una nueva generación que nos está ayudando  a ser más arriesgados, a romper paradigmas y a ser tolerantes con la diferencia.

Así pues, con todo ese panorama, también cambia la forma en que se mira al fracaso. Y hay otra perspectiva del tema, la que relaciono con la evolución de la conciencia.

El fracaso visto desde la conciencia

En efecto, creo que la sensación de fracasar, de la que dicen algunos psicólogos que genera bastante dolor, es más una percepción desde el ego que otra cosa y, por lo mismo, tiende a transformarse en otra idea más desde el aprendizaje, la creatividad y la conciencia.

En otras palabras, el fracaso asociado al miedo a dañar nuestra imagen ante los ojos de los demás o a que se nos repruebe o recrimine en función del error cometido, poco a poco será sustituido por una sensación de liviandad y de naturalidad propias de quienes desarrollan la creatividad a cada paso.

Esto se debe, como lo mencioné, a que como humanidad estamos elevando nuestra conciencia y estamos migrando a una nueva forma de relacionarnos con los otros y con el planeta, donde la apariencia importará cada vez menos y la autenticidad importará cada vez más.

En lugar de pensar que el fracaso evidencia algún tipo de incapacidad de lograr una meta, evolucionaremos hasta llegar a aprobarlo, respetarlo y agradecerlo, como un mecanismo que nos permite descubrir nuevas cosas y avanzar en nuestro aprendizaje, de manera que desarrollemos todo nuestro potencial creativo.

Así pues, el fracaso en la perspectiva de la conciencia, o sea, en un plano más espiritual, nos libera, nos permite fluir, soltar y nos entrega miles de nuevas posibilidades que antes no veíamos, aportando nuevas rutas de solución a las situaciones cotidianas, que en otro momento no se nos ocurrían.

Asociaremos el fracaso como un camino al éxito.

Fotografías: Freepik.


lunes, 27 de marzo de 2017

El fracaso no existe...

En esta nueva entrada del blog me propongo desmontar ciertas creencias acerca del fracaso, que lo han convertido en algo así como un pecado mortal, dejando pocas posibilidades para que quien fracase pueda aprovechar esa magnífica oportunidad de aprendizaje que tiene en frente de sus narices.

Creo que el sistema educativo y la sociedad han tenido mucha responsabilidad en esta mitificación del fracaso.

Por ejemplo, cuando yo estaba en el colegio, los errores en cualquier ejercicio de matemáticas, se tenían que borrar y había que realizar de nuevo todo el proceso.  Con esa práctica, nos perdíamos del aprendizaje escondido en cada error y quedábamos condenados a poder repetirlo en cualquier momento. Hoy en día, miro en retrospectiva mi época de estudiante de colegio y me parece que hubiera sido mucho más útil que conserváramos los errores y continuáramos con el desarrollo del mismo ejercicio correcto en otra página.

En el caso de la sociedad, no nos quedamos atrás con hacer del fracaso un mito. Los círculos sociales -y más recientemente las redes sociales-, son comúnmente despiadados para señalar y sentenciar a una persona que llega al fracaso. Se ven comentarios como: “ahí viene Pedro, fracasó en su matrimonio…” o “lo echaron del trabajo, ¡vaya fracaso!”. Casi que quien fracasa en algo, tiene que sacar valentía para lidiar con el fracaso en sí mismo y, además, fortaleza para hacer frente a los rumores.

No obstante, el fracaso es muy importante para aprender del éxito, aunque suene paradójico. Es más, el fracaso es el único camino para desarrollar ciertas habilidades que nos permitirán afrontar los retos de la vida.

Así pues, nos toca desmontar esas creencias equivocadas alrededor del fracaso y desmitificarlo, acabando, de paso, con ese miedo paralizante de fracasar, que nos impide avanzar hacia la realización de nuestros sueños.

Hacia otras perspectivas del fracaso

Como lo he insinuado, hay que echar a la basura esos paradigmas anticuados que hacen ver al fracaso como un monstruo gigante que viene a destruirnos.

Lejos de ser destructor, el fracaso es realmente una valiosa oportunidad de aprendizaje y el error opera como un cincel que nos pule cual si fuéramos diamantes.

De hecho, el fracaso ha comenzado a valorarse en algunos ámbitos.

Por ejemplo, en el mundo de los negocios, el fracaso no solo es útil, sino que se vuelve indispensable. Al respecto, Miguel López de Ceballos y Alessandro Adrada, responsables de StopApp, comentan que “lo que más nos ha llamado la atención es la “necesidad” del fracaso para triunfar. Aunque pueda parecer paradójico, los inversores y stakeholders prefieren invertir y valoran más positivamente a emprendedores que ya han cometido errores. Asocian la falta de fracaso a la falta de ambición: el hecho de que alguien no haya fracasado, en Silicon Valley se vincula directamente con que no se ha marcado metas suficientemente altas en su carrera profesional”.

Acerca de emprendimiento, los expertos en innovación afirman que cualquier fracaso puede dar surgimiento a una gran idea innovadora que puede significar mucho dine

Otro espacio donde el fracaso cobra otro sentido, es el campo del desarrollo de las habilidades del ser. Acá el fracaso se convierte en una excelente alternativa para formar en tolerancia a la frustración y en resiliencia, destrezas fundamentales para afrontar los diferentes desafíos de la vida.

De esta forma, el fracaso adquiere otro significado diferente de algo temible, pecaminoso o que es motivo de vergüenza.

Con estas perspectivas, empezamos a comprender que “el fracaso es el combustible de nuestro éxito”, como lo afirma el mago profesional, conferenciante y formador, Iñigo Sáenz de Urturi. Para él, el fracaso “es simplemente una frontera entre dos caminos que se abren. En ese sentido, el fracaso nos ahorra tiempo porque nos indica qué decisiones queremos tomar”. A lo que hace referencia es a que el fracaso nos permite validar si la meta que queríamos alcanzar es realmente nuestra pasión o si es solamente algo que no en realidad no queríamos.




En la próxima entrada, les compartiré otras perspectivas del fracaso y cómo podemos aprender de él.

Video sugerido:

Fotografías: Freepik

lunes, 6 de marzo de 2017

Felicitaciones a la Energía Femenina

Durante la semana de la mujer, quise escribir esta entrada porque me parece que es un momento interesante para ir más allá que solo felicitar a las mujeres en su día (8 de marzo) o recordar la “lucha por la igualdad”.

Siento que eso es válido y que se genera mucha publicidad alrededor de estos temas. No obstante, me parece quizá más importante hablar de la energía femenina en el mundo, que de la mujer en sí misma. Creo que este momento del planeta, de profunda transformación y de reivindicación de los valores, necesita que nos contactemos con el amor incondicional y con la sabiduría femenina.

Por supuesto que la mujer representa la energía femenina, por las características biológicas y psíquicas. Así mismo, el hombre, por su naturaleza, representa la energía masculina. Sin embargo, ambas energías, femenina y masculina, habitan simultáneamente tanto en hombres como en mujeres.

De esta manera, el llamado que quiero hacer es a pensarnos en esa energía femenina para el mundo, sin importar si somos hombres o mujeres.  Por eso, aunque sea la semana de la mujer, mejor las Felicitaciones a la Energía Femenina!

Sobre el amor incondicional

Recordemos que la energía femenina es la nos ilumina para saber amar de manera incondicional, es decir que podamos expresar un amor sin condiciones, que es gratuito, que se entrega sin esperar nada a cambio.

El amor incondicional es ese amor que se asemeja al efecto del fuego lento, que permite “cocinar” la autoestima de cualquier ser humano, acompañándolo en todo momento de su desarrollo y crecimiento. Ese mismo amor que se constituye en el pegamento que une a las familias y que, simultáneamente, es el cimiento donde se edifica una sociedad justa.

Así pues, quisiera preguntarles a todos los queridos lectores de este blog, ¿estamos promoviendo el amor incondicional?, es decir ¿estamos dando ejemplo con acciones concretas de amor incondicional de manera cotidiana, en todos los entornos donde nos desenvolvemos?

Y de la sabiduría…

De igual forma, la energía femenina nos invita a ir a los misterios de la vida. Nos lleva tanto a la comprensión del ser humano, como a tener una mirada que es capaz de abarcar las dinámicas del universo, para sintetizar el conocimiento ancestral, de millones de años de evolución como planeta. Todo a partir de elementos como la intuición y la capacidad de ver hacia dentro de nosotros mismos con humildad y serenidad.

Es con la aplicación de la sabiduría que podemos tomar las más acertadas decisiones, acordes con el proceso evolutivo que vivimos y alineadas con el destino personal, de manera que le atinemos al bienestar.

Entonces, la pregunta que quiero dejar para mis lectores, con respecto a la sabiduría es ¿estamos escuchando la voz interior antes de tomar las decisiones?, ¿nos estamos conectando con nuestra intuición o simplemente nos dejamos llevar por las emociones o la impulsividad?

La invitación queda abierta para que hombres y mujeres podamos desarrollar la energía femenina interior y entregar al mundo más amor incondicional y más sabiduría, que aporten a una sociedad más justa y feliz.



Fotografìas: Freepik

martes, 7 de febrero de 2017

Los tres cimientos de la Felicidad

Mucho se ha dicho que la clave de la #felicidad es tener una autoestima sana, o al menos eso fue lo
que yo entendí por muchos años en mi vida.

Pensaba: si la clave de la felicidad es la autoestima, entonces hay que fortalecer la autoestima y asunto resuelto. Sin embargo, me encontré que la autoestima no es suficiente para ser feliz.

Para mí, la felicidad, vía fortalecimiento de la autoestima, es como construir las columnas de un edificio, sin haber construido primero los cimientos.

Hoy puedo decirles que la autoestima viene después, que antes hay otra cosa que nos hace verdaderamente felices.

¿Dónde encuentro la felicidad?

Algunos han creído que la felicidad está en las posesiones materiales o en el poder o en la apariencia. Otros, muchos, por cierto, se han dado cuenta de que ese no es el camino y entonces han acudido a los contenidos de “autoyuda” a ver quién tiene la receta de la felicidad.

De hecho, la “industria de la autoayuda” vendió en Estados Unidos en 2012, 11.000 millones de dólares y esta cifra crece año con año, no solo en ese país.  En México, por ejemplo, las ventas de libros de autoayuda crecieron en 2015 un 71%.

Esto no es ni bueno ni malo, es un camino que parte de la necesidad legítima de ser felices, que todos los humanos sentimos. Sin embargo, he visto cómo la búsqueda desenfrenada de la felicidad puede ser incluso hasta peor.


Por otro lado, está el renacer o el re-descubrir de muchas técnicas milenarias que nos conectan con nuestro propio ser, como la meditación, el reiki y el ho`ponopono.

Nuevamente, esto no es ni bueno ni malo, son ayudas, así como las que he querido compartir en este blog, durante más de dos años.

Sea cual sea el camino que cada quien recorra en su búsqueda de la felicidad, es muy probable que algún día todos lleguemos a un mismo lugar.

Ese lugar que conocemos como alma, porque la felicidad está en nosotros mismos.
Y al llegar a esa conclusión, no habremos descubierto el agua tibia.

Esto es lo mismo que dijeron los griegos, más de mil años antes de Cristo. Para ellos, la felicidad es un estado del alma.

Palabras más o palabras menos, también es lo mismo que han afirmado en muchas culturas del mundo, por siglos y siglos.

Pero nos cuesta creerlo, gracias a nuestro ego.

Hace poco, en una entrevista de radio me preguntaban ¿no asusta mucho ir al encuentro de uno mismo? Respondí con una pregunta: ¿le tienes miedo a tu mejor amigo?, mi entrevistadora contestó: “no, por supuesto”. Luego le dije: ¿si no le temes a tu mejor amigo, entonces por qué tienes miedo de ti misma, si es contigo misma con quien estarás por el resto de tu vida?.


Con esto quiero decirles que, ir al fondo del alma, es la mejor de todas las inversiones que cualquier persona puede hacer. Al final del día, además de llevarnos a nuestra verdadera esencia, nos conecta con el poder creativo universal y, simultáneamente, con todos los seres afuera.

Es más, al conectarnos con el alma, conocemos el propósito de nuestra existencia y, de paso, adquirimos un sentido de trascendencia.

Al respecto, Harvard ha demostrado, por casi cien años de investigaciones, que la felicidad verdadera se halla en las personas que construyeron relaciones saludables y duraderas con los demás. Pues resulta que, para podernos relacionar afuera, primero hay que relacionarnos con nosotros mismos.

¿Cómo me puedo conectar con el alma?

Como lo dije antes, mientras que la autoestima funciona como las columnas que puedes levantar en cualquier edificio, la conexión con el alma hace las veces del cimiento donde pueden descansar las columnas con toda la seguridad de que estarán erguidas pase lo que pase.
Para conectar con el alma, hay que resolver tres asuntos claves que, según lo que he comprendido en mi vida, constituyen las pistas y las condiciones para lograrlo.
Las comparto a continuación estas claves que encontré en mi vida, para que las personas que leen mi blog puedan ensayarlas, si les resuena en sus almas:

1.                  Hay que resolver la historia personal.


Todo lo que somos, es producto de una recopilación de múltiples experiencias pasadas, propias y ajenas.
Resolver la historia personal significa tomar conciencia de todo eso,  sanar donde halla heridas y atar los cabos sueltos.
Por ejemplo, en el caso de la mujer, en general, hay tres grandes momentos de confrontación, que invitan a resolver la historia personal. Un primer momento va desde el nacimiento hasta la llegada de la primera menstruación; un segundo momento transcurre desde ese día hasta la menopausia; por último, el tercer gran momento arranca en la menopausia y va hasta la muerte. Si la mujer no resuelve en cada momento lo que le corresponde, y se hace la desentendida, la vida se encargará de invitarla de una forma cada vez menos agradable, hasta que suelte la carga, tanto ancestral como propia, y elabore la información pendiente.


      2.          Hay que elegir las opciones propias.

Estamos llenos de estereotipos y queremos cumplir con todo lo que se espera de nosotros. Pero como eso es imposible, nos llenamos de frustración o empezamos a ver afuera, con los ojos de la envidia, para evadirnos. 

La sociedad ha creado guiones que dicen qué debemos hacer y qué comportamiento se espera que tengamos en tal o cual situación. En general, se trata de romper, amorosamente, esos patrones y esos registros del inconsciente familiar y colectivo, de manera que salga nuestra propia esencia.


Cuando nos encontramos a nosotros mismos, sin la carga de todo lo de afuera, podemos escucharnos y elegir el camino de la autenticidad, que es el mismo camino de la libertad. 

Es decir, que podemos comprender quiénes queremos ser en verdad y qué queremos hacer con nuestra vida.


3.                  Hay que integrar la energía femenino-masculina.

Al sanar y transmutar la carga colectiva, van saliendo las construcciones internas que hemos hecho, inconscientemente, con la energía masculina y con la energía femenina.

Nos damos cuenta que caímos en la “separatividad” de las dos polaridades, masculina y femenina, hasta el punto en que hemos pensado que una polaridad puede vivir sin la otra o viceversa.

Al tomar conciencia, poco a poco, entendemos por qué, por ejemplo, cuando una mujer tiene la energía femenina baja, esta misma fórmula le aparece como un espejo en la polaridad opuesta de su pareja y entonces establece relaciones afectivas que no funcionan, que no la llenan, que no la satisfacen (en realidad, a ninguno de los dos).

Estos tres cimientos de la felicidad no tienen un orden en particular, se pueden incluso entremezclar. El caso es que a mí me funcionó y creo que les pueden funcionar a otros. Cada cual puede revisar si le resuenan y si los quiere aplicar en su vida.

Estas tres claves, las involucro en mi propuesta La Magia de Ser Mujer Única, lo que busco es que cada mujer conecte con su alma y saque todo su potencial creativo.
En otras palabras, mi objetivo es que cada mujer reciba la autoestima como una añadidura, luego de hacer los cimientos de su propio edificio.

Quienes quieran participar en el Programa La Magia de Ser Mujer Única, tendremos primer nivel en el Hotel Four Points by Sheraton de Medellín, el próximo 18 de febrero.
Pueden inscribirse acá y recibir un test gratuito.


https://goo.gl/forms/EcO9WZxWrsuZWoqt1

Fotografias: Pixabay, Freepik.